¿Y qué pasa ahora con el Mercado del Carbono?

Por: Nicolás Pinochet Escobar

Desde los inicios de la preocupación ambiental en el siglo XX, numerosos han sido los trabajos de científicos y expertos que alertan sobre las repercusiones del desarrollo y la problemática ambiental en general (informe meadows, Conferencia de Estocolmo, Informe Founex, Informe Brundtland, Conferencias de Río, entre otras).

En este contexto surgió un concepto llamado “Desarrollo Sustentable”, que consiste en el “proceso de mejoramiento sostenido y equitativo de la calidad de vida de las personas, fundado en medidas apropiadas de conservación y protección del medio ambiente, de manera de no comprometer las expectativas de las generaciones futuras” (Ley 19.300).  El Desarrollo Sustentable, engloba una serie de principios y variables, de larga explicación, sin embargo, me gustaría hacer la vinculación con el clásico problema económico, de satisfacer necesidades ilimitadas con recursos limitados, pues lo que se busca es satisfacer las necesidades de la actual generación, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.

En este contexto, de preocupación global por las consecuencias que generan los actos de los países en el medio ambiente, es que en 1994 entra en vigor mundial el famoso Protocolo de Kyoto (en chile desde 1995), destinado a estabilizar la concentración de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) existentes en la atmosfera, y de esta forma, evitar que un Cambio Climático de características permanentes e irreversibles, impidan el Desarrollo Sustentable.

En el protocolo los países miembros se comprometieron a controlar sus niveles de generación de dióxido de carbono, metano, óxido nitroso, entre otros y que estos no excedan las cantidades que se estipularon (distintos para cada país); con la finalidad de reducir en no menos de 5% el total de emisiones de  dichos gases producidos en 1990, durante el periodo de 2008 y 2012.

En este sentido el protocolo creó diversos instrumentos que permitieran a los Estados, cumplir el objetivo propuesto; uno de dichos instrumentos consistió en la creación de un “mercado del carbono”. Técnicamente, lo que se permitió fue la comercialización internacional  de derechos de emisión. En virtud de la cual, se terminó creando un mercado que permite a Estados, Empresas o individuos, comprar y vender reducciones de los GEI, que se traduce en los llamados “Bonos de Carbono”, consistentes en las Reducciones Certificadas de Emisión de Gases de Efecto Invernadero (CER`s por la sigla del inglés Certified Emission Reductions). Un CER corresponde a una tonelada métrica de dióxido de carbono, y estos CER, son lo que se transa (en forma de crédito) en el mercado del carbono.

En simple, una de las formas en cómo se expresa este mercado, es que si una empresa emisora de GEI emite menos de lo permitido, tiene la posibilidad de vender el resto de las emisiones que podría haber generado, a otra empresa que no logró cumplir con la meta propuesta, y de esta forma cumplir su compromiso.

Debemos entender que este mercado del carbono, se basa en un principio fundamental, y es que no interesa en qué parte del Mundo  se reducen las emisiones de GEI, por lo que si un país como Chile, comprara CER a un país como Alemania, se cumple el objetivo, ya que el efecto global es el mismo (recordemos que este protocolo nace a raíz de un problema que atañe al mundo entero, por este motivo lo que importa no es donde se reducen los GEI, sino, que se reduzcan).

Otra opción, corresponde al llamado Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), que básicamente consiste en el financiamiento de proyectos de captura de los GEI en otras naciones, acreditando tales reducciones como propias del Estado que las financia y se ven como si hubieran sido realizadas en su territorio.

Todo esto genera beneficios tanto económicos como ambientales. Ambientales debido a los efectos positivos que se crean en el medio ambiente, derivados de la reducción de GIS, y económicos, debido a la cantidad de acciones que se transan en el mercado,  sólo en el año 2006 se transaron bonos equivalentes  a 522 millones de toneladas.

Actualmente los Bonos de Carbono, continúan siendo un mercado muy interesante, por el doble efecto que hemos mencionado (económico y ambiental). Es utilizado como un símbolo de compromiso por diversas empresas, y en Chile ha permitido proyectos como los desarrollados por Patagonia Sur, consistente en reforestar 30 mil hectáreas ubicadas en la Región de Aysén, con especies nativas como la Lenga, Coigüe y Ñirre (debido su gran capacidad para secuestrar el carbono).

Sin embargo, el Protocolo de Kioto llego a su fin en el año 2012, siendo renovado por un periodo de 8 años, hasta el 2020. A pesar de lo anterior, el compromiso internacional de los países desarrollados es, o debería ser bastante cuestionado, pues si bien el acuerdo fue aprobado por casi 200 países,  la limitación de GEI se cubrirá solo en un 15% de las emisiones globales, dado que Grandes Potencias (y a la vez los mayores contaminantes) como Estados Unidos, Rusia, China, Japón, Canadá, Nueva Zelanda, entre otros, no firmaron el acuerdo y se mantuvieron al margen de este importante tratado. Demostrando una falta de compromiso de los países desarrollados con alcanzar los desafíos que nos supone alcanzar el desarrollo sustentable.

Debido a lo anterior, la crisis económica internacional, y la gran oferta existente, el mercado del carbono ha sido fuertemente cuestionado. El mercurio del 17 de Abril de 2013, presentaba la columna titulada “Una tonelada de CO2 vale menos que una hamburguesa”. Y es que el valor de los bonos bajo hasta los 3 Euros, situación fuertemente cuestionada por grupos ambientalistas. Y es que en las condiciones actuales, se critica que a través de valores tan mínimos se puede intentar cubrir cuotas de emisión, pero más aún, no se sabe qué ocurrirá con el mercado del carbono, ahora que las grandes potencias (quienes más necesitaban adquirir los bonos de carbono) no están vinculadas al Protocolo de Kyoto, ¿será acaso que el mercado voluntario sea capaz de suplir y adquirir por cuenta propia bonos de carbono? O más importante aún ¿Qué ocurrirá con el compromiso internacional para la preservación del medio ambiente, y la persecución de los desafíos que implica el desarrollo sustentable?

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