UBUNTU, el camino para Sentipensar un Chile más humano.

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Si hacemos el ejercicio de imaginar dos escenas distintas, la primera, una en donde aparezcan una mujer mapuche, la Machi, junto a su ruca, frente a ella el Úlmen o cacique líder de la tribu quien está organizando a los demás para ir a buscar algunos alimentos. De fondo vemos la cordillera imponente, y a sus pies un bosque lleno de especies nativas, dentro de las que podemos reconocer canelos, araucarias, peumos y un olivillo. De las planicies más al sur se asoman algunos pudúes y aves que revolotean a su alrededor.

En una segunda imagen mental, podemos apreciar a dos niños sentados en la acera de una pequeña calle, un pasaje para ser exactos. El pequeño Francisco y su amigo Hernán juegan con sus teléfonos celulares y comienzan a sacan algunas fotos a los pájaros que se posan del tendido eléctrico. El pasaje donde viven está lleno de casas pequeñas, con los techos pareados, y cada una de las viviendas está pintada de distintos colores, algunas mejor cuidadas que otras, jamás uniformes. La calle, sin salida por un lado, por el otro conecta hacia el norte con una gran avenida.

En ambas imágenes, distintas en su primera apreciación, podemos decir que existen varios elementos, distintos entre sí. Podríamos catalogar y hablar, por ejemplo, de personas, de cosas, de animales, ciudades, civilización y naturaleza. Pero si cambiamos la manera de apreciar estos paisajes, estos cuadros imaginarios, podríamos ver que no existen esos niños, el cacique, la machi, las aves, los animales, las plantas, la ciudad ni la cordillera; sino que existe un mundo, un pluriverso, el que actúa minuto a minuto, día a día, a través de una infinidad de prácticas que nos vinculan necesariamente entre humanos y no humanos por el hecho de coexistir.

El principio clave aquí es la “Relacionalidad”. Este nos dice que nada, ninguna entidad pre existe a los vínculos, conexiones y relaciones que la constituyen. Podríamos postular que todo “inter-existe”. El Maestro Budista Thich Nhat Hanh decía que una flor no existe, inter-existe; no existen entidades discretas, ni “seres” ni “objetos” pre-constituidos que existen en sí mismos, en absoluto (Escobar A., 2014, pp. 101 y 102).

Hoy vemos que esta separación de los individuos, esta distancia entre los sujetos – entre los humanos y las demás especies, y entre los mismos humanos – nos lleva a relacionarnos entre nosotros mismos, y los demás, principalmente solo por la búsqueda de ciertos intereses sociales, o conveniencias, fundamentalmente económicas y sexuales. Nos definimos como sujetos únicos e independientes, no pertenecientes a nada necesariamente ni tampoco vinculados in natura con nada, como diría cualquier monoteísta somos dios en la tierra y todo lo que nos rodea está por completo a nuestra disposición, para complacernos; somos divinos y “lo demás” es mundano.

Como antítesis a esta mirada occidentalizada capitalista de la sociedad chilena de hoy, propongo estudiar, y aplicar a nuestra realidad social, los principios de una antigua filosofía africana, la que se conoce como “Ubuntu”; ello en pro del altruismo político social al que debemos de aspirar.

“Ubuntu: Es una antigua filosofía africana que se alimenta del hecho de que todos somos una sola familia humana. Somos hermanos y hermanas que viajan juntos en la Tierra. Cuando uno está mal alimentado, todos están desnutridos. Cuando se abusa de uno, todos sentimos la afrenta. Cuando un niño sufre, sus lágrimas nos bañan a todos. Al reconocer en cada quien su humanidad, estamos reconociendo nuestro inquebrantable vínculo, nuestro inquebrantable eslabón con la humanidad entera” (Stephen C. Lundin y Bob Nelson 2010, p. 2).

Esta mirada filosófica considera el éxito del grupo, la valoración social por encima de lo individual, se opone por completo al egoísmo exitista del capitalismo.

Ubuntu pertenece al espíritu más primitivo y originario de la sociedad africana. Todos y cada uno de los africanos lo practican en sus relaciones sociales. Esta filosofía propone que el Ubuntu viven dentro de cada uno de nosotros, es de la naturaleza del hombre, ser que, naturalmente, buscará promover el bienestar de los demás; y cree en la igualdad de todos y en nuestra conexión con toda la raza humana y la naturaleza.

Para incorporar Ubuntu en nuestra vida occidental latinoamericana debemos saber que lo primero a realizar es entender que todo cambio o deconstrucción social comienza contigo, desde uno mismo, con la reflexión de nuestro comportamiento individual y del cómo nos relacionamos con los demás. Primero se debe querer y creer en que se puede cambiar. Aun cuando esto parece una frase sacada de la literatura de “autoayuda”, es fundamental incorporar estas creencias para el proyecto social que quiero proponer.

Ubuntu es la filosofía africana que Nelson Mandela y Desmond Tutu (ambos premio Nobel de la Paz) practicaron en su lucha por la unificación de Sudáfrica, logrando sus fines con escaso derramamiento de sangre, sin castigos para los opresores, y sin venganzas. Ellos decían: “Todos somos miembros de la familia humana y debemos trabajar juntos para lograr una Sudáfrica unida”. Mandela propendía el perdón, abandonar el resentimiento. Es el perdonar lo que da la verdadera libertad.

Ubuntu, habla de unidad de propósito, unidad que orienta nuestros actos, expresando el entendimiento y reconocimiento de que todos estamos conectados. En la práctica, Ubuntu significa que hacerle daño a otra persona, o a otro “individuo”, sería como hacerse daño uno mismo. Por lo que respetar al otro, darle felicidad es La clave para la felicidad de uno mismo; es la colaboración, es el compartir y vivir con los demás y en función de otros lo que nos confiere verdadera dicha, todo gracias a esta verdadera conexión.

Hoy es difícil ser felices, por este alejamiento entre individuos, porque no tenemos mucho tiempo para pasar con nuestros seres queridos, y porque con quienes pasamos más tiempo, nuestros compañeros de trabajo, solo nos vinculamos por esta necesidad de sacar cierto provecho, la conveniencia. Nos han educado para sentirnos felices cuando tenemos algo y por ello es duro sentirse feliz en un mundo en el cual solo ves lo que te hace falta, la cosa que no tienes y que “necesitas”.

Dejando a un lado esta reflexión, de lo dicho anteriormente surge las siguientes dudas y propuestas: ¿Qué pasaría si hacemos extensivo el Ubuntu más allá del antropocentrismo?, ¿Por qué no incorporamos, a esta familia de humanos, a los demás seres vivos, los animales y a todo el medio ambiente del que somos parte?

En muchas sociedades no occidentales o no modernas, no existe la división entre naturaleza y comunidad, de hecho, no existe el “individuo”; sino, personas en continua relación con todo el mundo humano y no humano y a lo largo de los tiempos. Lo humano y lo natural forman un mundo con otras distinciones. Se establecen vínculos de continuidad entre lo que los humanos llamamos los mundos biofísicos, humanos, y sobrehumanos, los cuales no constituyen entidades separadas, se entienden y viven cual si fueren una sola… ¿Ubuntu?.

Al respecto, y para acercarnos aún más a esta filosofía, cabe señalar ciertos principios que nos pueden orientan en el actuar, estos son:

1.- Estar conectados a otros suministra la oportunidad necesaria para cuestionar nuestra historia, nuestras experiencias, y cuestionar nuestras apreciaciones de lo que consideramos  real, verdadero.

2.- Ubuntu quiere decir que todos estamos juntos, que todos coexistimos y somos codependientes.

3.- Entrar en contacto de una manera auténtica con otra persona, otro ser vivo, o directamente con la naturaleza, nos libera.

4.- Ubuntu es una filosofía que considera el éxito del grupo por encima del individual.

5.- El primer paso para practicar Ubuntu es descubrirlo en el propio corazón, proviene de nuestra energía interior natural.

6.- Con confianza y respeto, otros te darán su respeto y valoración. Sin confianza ni respeto, cuando te acercas a los demás parecerá manipulación, parecerá por conveniencia.

7.- Todo empieza por reconocer y aceptar nuestra humanidad, la igualdad y el valor de cada persona y ser vivo; luego habrá que reconocer nuestro estado de codependientes y coexistentes.

8.- Practicar Ubuntu es hacer y ser Ubuntu.

9.- Ubuntu no se trata de respetar o avalar a quienes ocasionan mal, significa respetar a la persona y entender porque que lo hizo.

10.- Ubuntu es una filosofía compasiva y cooperativa, no agresiva. Cuando el grupo (la familia de Ubuntu) está amenazado por el comportamiento de un individuo, hay que reparar el comportamiento de esa persona, encausarlo.

11.- El permitir que las diferencias definan nuestras relaciones, promueve entrar en contradicción con los demás. Ubuntu pregunta “¿Qué tenemos en común?, ¿Cómo podemos vivir mejor juntos?”.

13.- Mientras nuestra sociedad, cuerpos normativos o políticas, consideren inferiores a algunas personas o especies, la tarea de Ubuntu no ha terminado.

14.- La puerta de entrada a esta concepción de mundo se llama gratitud. El camino a Ubuntu está marcado por nuestra humanidad. El espíritu de Ubuntu se encuentra a través de la comunidad, el colaborativismo y el reconocimiento de la naturaleza. Todo esto se crea cuando todos descubren la unidad de propósito y la codependencia y coexistencia con todos y la naturaleza.

Es evidente que el llamado es a reflexionar, volver a hacernos parte del entorno. Ampliando nuestra mirada y cuestionar el cómo conceptualizamos y valoración lo que erróneamente vemos ajeno a nosotros.

Pensando en este cambio de mentalidad y nuestra relación con la naturaleza, recuerdo las palabras de la profesora Taeli Gómez Francisco, Doctora en Ciencias Filosóficas por la Universidad de la Habana Cuba, quien dijo: “Las distintas épocas coinciden de distinta manera lo que entienden por naturaleza y la relación con ella, puede ser un pariente tótem, un ánima, un Dios o una cosa. Ello se ve reforzado a través de los saberes dominantes, sea la magia, el mito, la religión o la ciencia. Esta última, representa una manera de relación cosificada moderna sociedad-naturaleza” (Gómez, T., 2016, p. 23). Sobre lo dicho, destaca que la visión científica es solo una mirada de la infinidad de concepciones que existen en este pluriverso.

Entonces dependiendo del constructo social vigente, sea pluricultural o uniformador, es como nos relacionaremos y nos vincularemos con el medio ambiente, los animales y entre nosotros mismos.

Lo dicho obviamente tendría ciertas consecuencias en lo jurídico, como respuesta al ánimo legislativo de regular estas relaciones jurídicas potenciales. Es así que muchas veces nos encontramos con limitaciones normativas, incongruencias, conflictos de antinomia, que, en nuestra opinión, es solo falta de disposición legal para crecer en búsqueda de un ordenamiento jurídico pulcro, de avanzada y acorde a nuestra realidad vigente.

El clásico conflicto jurídico que se ha estado dando últimamente guarda relación con la búsqueda de elevar a los animales a una categoría jurídica distinta a la de meras cosas (bienes muebles semovientes), y plantearlos como “seres sintientes no humanos” o inclusive conceptualizarlos como “personas” (sujetos de derechos). Esta aberración jurídica que podrían considerar algunos docentes y colegas; otros, jurisconsultos clásicos y próceres de nuestro ius,  no la consideraban tal. Es así que el propio Kelsen, no priva a los animales de ser sujeto de derechos subjetivos. Al respecto decía: “La tesis de que los animales, las plantas y los objetos inanimados no son sujetos de los derechos reflejos por no ser “personas” es equivocada, puesto que “persona” significa, como hemos de ver, sujeto de derecho; y si por sujeto de un derecho reflejo se entiende al hombre en cuyo respecto ha de cumplirse la conducta del individuo obligado a ello, entonces los animales las plantas y los objetos inanimados, en cuyo respecto hay hombres obligados a comportarse de determinada manera, serían en el mismo sentido “sujetos” de un derecho con relación a esas conductas, como el acreedor es sujeto del derecho consistente en la obligación que el deudor tiene en su respecto” (Kelsen, 1982, pp. 141-142).

Otro afamado jurista, anglosajón, Oliver Wendell Holmes, señalaba que el derecho como tal es solo una predicción de los tribunales, una proyección a concepciones metafísicas. Del mismo modo León Duguit, jurista francés, señalaba que los derechos subjetivos son solo una voluntad auto impuesta.

Volviendo con la Doctora Gómez, ella plantea una propuesta del todo compartida por el presente, que concuerda con la mirada de buen vivir social que tratamos de plasmar y proponemos. Desarrollando su propuesta ella señala: “La ciencia apostó a fortalecer atomizadamente, la noción del individuo; sin embargo, se olvidó que éste es una realidad indivisible a su cuerpo natural en tanto humano-no humano y que la separación creada como sujeto-objeto o yo no, es cultural y por lo tanto superable. Ello ha sido fortalecido por fundamentos científico, desde la biosfera acreditada por el geólogo ruso Vladimir I. Vernadsky, a la naturaleza considerada como un proceso biótico, una unidad viva en la dimensión de la “Hipótesis de la Gaia” de Lovelock y Margulis; asumiendo las integraciones científicas que realizan a los objetos de estudio, con el aporte de las nuevas epistemologías complejas y paradigmas científicos, como redes, emergencia, sistemas complejos, sistemas, etc.

De ahí entonces, se posesiona una nueva base material para la noción de derechos subjetivos como concepto de totalidad minimizada. Nosotros le hemos denominado en nuestros trabajos mínimo ecosocial concreto, lo que en términos ilustrativos, seríamos como un ADN de la totalidad, a la que contenemos, en tanto relación. Bajo esta perspectiva debería estar la relación sociedad-naturaleza, la totalidad incorporada en cada derecho subjetivo, el que no se agota, ni comienza bajo la lógica de identidad. En cada nuevo “derecho ambiental” estaría el derecho colectivo en su expresión concreta, por lo cual, en realidad existiría un derecho “subjetivo” que es el derecho del ambiente en mínimas expresiones. En este sentido, la afectación concreta es la afectación a la totalidad, de un “derecho subjetivo” a un “derecho solidario”, que incorpore en él todos los derechos”. (Gómez T., 2016, p. 31).

A todas luces lo dicho por la doctora nos habla de una extensión de Ubuntu sobre todo lo que inicialmente consideramos como mundano, ajeno al yo, ajeno a lo humano. La invitación entonces es a imbricar el destino de nosotros mismos con la naturaleza y todo ser vivo, en búsqueda de la felicidad y el buen vivir.

Ahora bien, para materializar esta propuesta en realidades, habrá que partir educando, educándonos, y requerirá en muchos casos de una fuerte disciplina inicial junto con la modificación de ciertos aspectos morales de nosotros mismo tanto individual como colectivamente. Lo anterior ocurrirá y es del todo necesario ya que así es como se asienta la fuerza de un cambio. Debe de plantearse modificaciones a la concepción moral, en su sentido ético, incluyendo en esta lo que hoy se ha vuelto racional y justo, persiguiendo así el propósito noble de alcanzar el desarrollo de la conciencia del humano como especie y como ser que coexiste con un todo más grande, más noble espiritualmente.

Hoy vemos que nuestra sociedad padece del cáncer de lo individual, de la valoración a lo mercantil por sobre lo colectivo, del dualismo entre perdedores y ganadores, este exitismo que nos obliga a competir por ser “alguien” en lo social, por destacar entre nuestras esferas sociales. Desde este panorama la primera barrera a superar en la práctica de Ubuntu será el “ausentismo”, que se produce cuando las personas no tienen la voluntad, la potencia del alma, las ganas de trabajar en pro de objetivos nobles, porque no encuentran un sentido a sus vidas o porque simplemente les acomoda el papel de “freerider”, son ellos quienes no tienen pasión ni aspiraciones reales, por lo que no hay que entrar en conflicto con estas personas, sino que hay que acogerlas, y partir desde el entendimiento nuestra relación con ellas. Como dijimos, no avalar sus faltas, sino que practicar con aún más ímpetu el colaborativismo con ellos.

En la ejecución de este Ubuntu, y para crear bases materiales que nos ayuden en su implementación como ontología política colaborativista habrá que insistir en dos tipos de estímulos: El estímulo material, se refiere a la retribución física que recibiremos por practicar esta filosofía, por vincularnos de esta manera con los demás, que puede materializarse como recibir un mejor sueldo, ganar más dinero, mejorar nuestras relaciones de familia y o tener un medio ambiente más sano y prístino. Igualmente habrá que tener cuidado que este incentivo, remanente de este cambio de paradigma, no se convierta en algo que nos dirija nuevamente, al hoy, a la competencia desesperada por asegurar determinadas condiciones, privilegios, en definitiva a la cultura del “sálvese quien pueda”; pero ello solo dependerá de nosotros, de nuestras motivaciones y nuestro ánimo de ser compasivos, nobles y felices. Este último es el que consideramos como el estimo moral. Es de la naturaleza el ser buenos. El objetivo es que los hombres sientan la necesidad de trabajar unidos, desde el interior de sí mismos y o por un ánimo colectivo, pero ambas voluntades, la individual y la colectiva, deben de estar unidas. (Ariet M, 2014, pp. 43, 48, 50, 51 y 53).

Esta nueva ontología política, que trabaja reconociendo el pluriverso y desde el colaborativismo, para alcanzar sus fines requiere tanto de una dedicación personal por parte de todos y cada uno en la sociedad. Principalmente requiere de todos nosotros motivación e inspiración.

A continuación, y para hacer aún más didáctica la aplicación de esta filosofía en nuestro diario vivir, les propongo una guía para desarrollarla en comunidad, para crecer con nuestros grupos de trabajo, nuestros amigos y la familia. Lea estos simples consejos:

  • Primero recuerda que todo empieza contigo. nuestro primer enfoque ha sido  y debe seguir siendo la manera en como somos y como nos manejamos en lo cotidiano. Debemos ser fácil de abordar, abiertos, honestos, transparentes, auxiliadores y compasivos. Necesitamos renunciar al ego y actuar de forma humilde y con gratitud.
  • Debemos fomentar la confianza demostrando nuestro respeto por los demás primero y en segundo lugar enfocarnos en lo que los demás pueden hacer; reconocer su valor. Debemos recordar que podemos tener diferentes títulos, desempeñar diferentes empleos, ganar diferentes salarios, pero que al nivel humano básico todos somos lo mismo y debemos tratarnos así. Luego, debemos hacer lo necesario para cumplir nuestros compromisos. tus actos deben cumplir tus palabras.
  • Tu lugar es tu pequeña comunidad. Tienes una razón para existir. Debes desarrollar un sentido de propósito común en tu grupo – que puede ser el cariño, un proyecto o la amistad – y explorar las maneras como dependemos unos de otros.
  • Empieza tratando de mejorar tus relaciones con tus más cercanos, con quienes es más sencillo hablar, la fruta fácil de agarrar. Luego intenta acercarte a quienes te es más difíciles, parte por tratar de entender y comprender el porqué de ello.
  • Habla con todos, ten conversaciones desde la autocrítica, que ello te servirá para darte cuenta que de tus debilidades de los puntos que quizás puedes mejorar. Tenemos que ser capaces de relajarnos y reírnos de nuestros propios desaciertos y debilidades.
  • Gastamos la mayor parte de nuestra vida trabajando. Quiero encontrar maneras de ayudar a mejorar mi calidad de vida y la de los demás.

Estos concejos los he tomado prestado, haciéndoles ciertas modificaciones, de un libro, que cito, llamado “Ubuntu, un relato sobre la filosofía africana de trabajo en equipo, cooperación y lealtad” (pp. 106 a 108). En él podemos encontrar más de un consejo que nos puede ayudar a entender y practicar esta nueva mirada extraña a nuestros ojos. De más está decir que recomiendo del todo este texto.

Siguiendo con estas ideas, y avanzando desde lo individual-colectivo a lo colectivo-nacional, queremos hablar del cómo debemos visualizar nuestro Chile, como lo queremos.

Para seguir, debemos hablar del “Sentipensamiento”, corriente de pensamiento popularizado por el maestro sociólogo y pensador colombiano, don Orlando Fals Borda. Él nos señala que Sentipensar con el territorio implica pensar desde el corazón y desde la mente, o co-razonar; es la forma en que las comunidades territoriales han aprendido el arte de vivir. Su vida entera ha sido un llamado a que la sociedad sentipiense desde y con los territorios, las culturas, los seres vivos, con conocimientos de sus pueblos, con sus ontologías, más que con los conocimientos des-contextualizados que subyacen a las nociones de “desarrollo”, “crecimiento”, y hasta, “economía”.

Tomando el Sentipensamiento y sumándolo a la filosofía de Ubuntu, ambos como pilares fundamentales en esta deconstrucción jurídico social que pretendemos; con todo, nuestros legisladores y constitucionalistas podrían diseñar un Chile que pretenda los siguientes fines sociales:

  • Ser un país en el que se trate a cualquier persona, nacional o extranjero, de forma respetuosa y con dignidad.
  • Ser una nación en donde todo ser sintiente no humano tenga el derecho a tener una vida digna, a que se le respeten sus intereses legítimos, su bienestar, y sean sujetos de amparo jurídico o sujetos de derecho.
  • Convertirnos en una nación en donde, por sobre los interese económicos, prime el buen vivir de su gente, el resguardo de sus derechos, su calidad de vida y los derechos de la naturaleza.
  • Que en Chile existan entornos de trabajo duro, comprometido con las instituciones públicas y privadas; pero que también exista tiempo de esparcimiento, se respete y se promulgue el derecho al buen ocio, ese que construye, que llama a la meditación, al natural desarrollo humano.
  • Ser un país en donde sea principio supremo “el colaborativismo”, y que este se encuentre garantizado constitucionalmente. Con ello, evidentemente, abandonar la mediocridad de la subsidiariedad del Estado.
  • Que Chile sea un hogar en donde todos tengamos el mismo valor para nuestras autoridades, y donde los egos se reemplacen con gratitud, con actos humildes.
  • Que seamos una comunidad, una nación, en donde todos volvamos a casa, al final del día, con una renovada energía y vitalidad que provenga de un trabajo bien hecho, que nos enorgullezca y nos haga sentirnos realizados y valorados, y donde además tengamos tiempo para poder compartir con nuestras familias y criar, en el buen vivir, a nuestros hijos.

No podemos ser completamente humanos sino cuando vivimos en armonía con los demás y todo cuanto nos constituye, la naturaleza y los demás seres vivos.

Tenemos un montón de reglas sobre lo que una persona puede y debe hacer con su vida. Creo que hay que aflojar alguna de esas reglas y permitir un poco más de autoexpresión. Ese es el punto de inicio y el objetivo en sí mismo, pero el camino trata de buscar maneras de dar y vivir en real libertad, para estimular la moral, la productividad, la conciencia, la felicidad y la autoexpresión. Lo anterior a todos nos conviene y hoy lo necesitamos.

Ubuntu contiene la fórmula de la felicidad humana. Cuando adoptamos Ubuntu, elegimos tratarnos sincera, honesta y respetuosamente, al tiempo que nos esforzamos en lograr nuestras metas. Respetamos la humanidad de cada persona y la vida de los demás seres vivos y a la naturaleza sin importar nuestras diferencias, porque entendemos que somos coexistentes y nos codependemos. Es el espíritu de humanidad el que nos permite simpatizar unos con otro y nos hace capaces de macar, juntos, una diferencia en nuestras vidas y en nuestros objetivos aquí en el mundo.

En este punto, corresponde citar a Steve Bantu Biko, activista sudafricano antiapartheir quien dijo “África puede contribuir a  que el mundo tenga un rostro más humano”. Quizás los principios plasmados en Ubuntu pueden ser la solución al problema socio medioambiental mundial de hoy.

Ubuntu es la esencia de ese mensaje. Pienso que una filosofía tan rica en espiritualidad como Ubuntu puede provocar toda clase de ideas útiles y formas de cooperación, que podríamos plasmar en reformas políticas, laborales, sociales, constitucionales, y o ambientales, todas que puedan aplicarse a distintos países. “El espíritu humano es como la hierba dormida de las llanuras, siempre esperando renacer con la próxima lluvia” Nelson Mandela.

Vivir Ubuntu no basta solo con saber de la filosofía, hay que “hacer” día a día en base a ella. Fundamental es no elevarse por encima de las demás personas o seres vivos, no considerarse mejores que otros, abandonar el ego. Ubuntu trata de la conexión entre la gente, los animales y la naturaleza, de la unidad de propósito, de fines comunes; también trata de la igualdad humana, de la igualdad en la valoración moral de la vida de todo individuo, el respeto y garantía de los derechos de la naturaleza por pertenecer y ser parte de la misma. En Ubuntu, los políticos, los líderes, todos, ponemos a un lado el ego y el amor propio y nos concentramos en el éxito de la sociedad, el cual no se logra privilegiando a algunos, sean especies o personas, “poderosos”; sino a través de la colaboración y participación de todos y con todos por este éxito social.

Te animas a vivir Ubuntu?…

Bibliografía:

  • Escobar A. (2014). Sentipensar con la Tierra. Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia, 1º Ed. Universidad Autónoma Latinoamericana UNAULA. Ediciones UNAULA, Medellín Colombia.
  • Kelsen, H. (1982). Teoría pura del Derecho, 2ª. Ed. Traductor Vernengo, Roberto J. Instituto de Investigaciones Jurídicas Serie G. Estudios Doctrinales, 20. Universidad Nacional Autónoma de México. Recuperado de: http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/3/1039/9.pdf pp141-142.
  • Gómez, T. (2015). Una reflexión crítica sobre la dualidad sujeto-objeto y las consecuencias para los no humanos, Aproximaciones filosóficas y jurídicas al derecho animal, actas de los primeros coloquios de derecho animal UCN, 1º Ed. Israel González Marino. Facultad de Ciencias Jurídicas Universidad Católica del Norte. Ediciones jurídicas de Santiago, Santiago de Chile.
  • Ariet M. (2014). El pensamiento de Ernesto Che Guevara, 1º Ed. Compilador María del Carmen Ariet. Editorial Capitán San Luis, La Habana Cuba.

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