Pena de muerte, sociológicamente hablando

Pena

08 de junio de 2011


“No está la justicia en palabras de la ley“

(Alonso de la Torre).

 

Introducción

Desde el punto de vista sociológico, la pena de muerte siempre ha sido un tema sumamente discutido, al ser los integrantes de la sociedad quienes la motivan o la enfrentan, dependiendo de la convicción personal. En este sentido de utilidad social, “no está demostrado que la pena cumpla una función de prevención general, negativa, o sea de intimidación a los potenciales infractores. Si fuera así (…) no existirían delitos”[1], afirmando así, que la “función intimidatoria de la pena está aún por demostrar”[2]. Es por ello que, basándome en mi postura personal, contraria a la pena de muerte, procedo a demostrar el efecto social de ésta.

¿Qué significa, qué es y qué busca la pena de muerte?

Lo que busca la pena de muerte, a grandes rasgos, es la responsabilidad una persona que ha cometido un hecho grave por sí, con el fin de quitarle la vida a modo de sanción, precisándose en los términos que “la pena de muerte puede entenderse como un castigo que el Estado, a través de sus jueces, imponen a los responsables de la comisión de determinados delitos”[3]. Creo que, en sí, esta sanción tiene más allá un valor humano que jurídico, ello porque si bien, sabemos que nuestro ordenamiento no la ha abolido y le da cierta libertad al legislador de habilitarla por ley de quórum calificado, son realmente los miembros de la sociedad quienes alzan el tema ante un hecho controversial como posible alternativa a la resolución de un delito, bien como señala el profesor Nogueira: “Los derechos esenciales de la persona no se realizan en normas jurídicas, sino que ellos se concretan en su vigencia sociológica”[4].

Función ejemplarizadora de la pena de muerte: ¿Tan sólo un ideal?

Ante la función de la pena capital, determinada como “servir de ejemplo para que otros delincuentes desistan de cometer sus fechorías”[5], cabe analizar si ello realmente se produce, ya que se estima como pena ejemplarizadora; sin embargo, podríamos entrar a generalizar que, tal efecto es el ideal para cualquier sanción penal, cualquiera sea su gravedad, buscando como consecuencia reprimir una conducta y demostrar mediante cualquier condena, que dicho hecho no es correcto en la sociedad. Es así, que cualquier pena que sea, no cumple su rol de ejemplificar, ya que si ocurriera ello, la comisión de delitos sería menor, por no decirlo nula, ello resaltando la valoración personal de una reprimenda de cada persona, y la consecuencia manifestada en nuestro ordenamiento jurídico.

Socialmente, la pena de muerte se individualiza, sacándola en algunos casos de la rama del Derecho Penal como sanción, y del Derecho Constitucional como garantía a la vida, y confundiéndose en la histeria colectiva ante alguna circunstancia lamentable. Es ahí donde comienza la controversia que, cotidianamente, permanece oculta a nivel de masas: ¿Es aplicable?, ante lo cual, me acelero a contestar a quién me pregunte: ¿Acaso eso es lo que esperas del valor de la justicia?.

Justicia

Como precisa Kelsen en su libro ¿Qué es la justicia?, podemos entender que ésta no tiene un concepto ideal y preciso, sino que un sinfín de éstos, por lo cual, el autor concluye: “Mi justicia, en definitiva, es la de la libertad, la de la paz, la de la democracia, la de la tolerancia”[6], la cual creo que es definición más acertada en este contexto, dado que resalta el valor de la libertad de cada individuo para poder moverse dentro de la sociedad; la paz como estado subjetivo de cada persona, demostrando cierta estabilidad para actuar dentro de lo aceptable socialmente hablando; la democracia como forma de vida, siendo la manera especial de relacionarse entre personas que requiere de ciertas virtudes; y bien, la tolerancia como idea de respeto hacia las personas, sea cual sea su condición, aceptando la diversidad. Ante estos conceptos, quisiera destacar principalmente la tolerancia para con el acusado, o en este caso, el individuo susceptible de ser condenado a muerte.

Tolerancia

La pena de muerte creo que no es la mejor solución, ya que muestra como la sociedad segrega a una persona, sea por su condición de delincuente, como auto-facultándose a enjuiciar moralmente a dicha persona, sancionándolo de tal modo que consideren necesario quitarle la vida.

Pienso que lo más racional sería buscar la reformación de la persona, ello mediante la institución carcelaria prevista actualmente por la ley, y llevando a cabo fielmente lo expuesto en ello. Además, proponiéndole al acusado un sistema de superación en el ámbito laboral, a cambio de incentivos, todo dentro de la misma cárcel, ello para que sea útil y se adapte a una posterior salida del recinto, así incluso pudiendo reinsertarse a la sociedad a posterior, demostrando, en cierto sentido, que dicho sistema tiene efectividad. Ahora bien, ante esto, tendría que modificarse el sistema carcelario actual, propendiendo al respeto de la persona y fomentando la adaptación al medio interno y posteriormente al externo.

Conclusión

Ante lo expuesto, concluyo que se necesita crear cierta conciencia social en las personas, ello para que se cambie la mentalidad fomentando una negativa a la pena de muerte, proponiendo así una pena carcelaria, como la actual, analizándola como medio efectivo. Ante esto, el acusado se reforme, adapte y posteriormente inserte en la sociedad.

Todo esto fundamentando que las “soluciones deberían concentrarse en la etapa anterior al delito, en la prevención”[7], para que así, se abolezca de forma definitiva la pena de muerte como sanción, lo cual “conlleva la aparición de las instituciones carcelarias, cuyo objetivo es el de disciplinar, y por tanto, conseguir los comportamientos que el Estado desee”[8], todo esto en el supuesto de justicia igualitaria para todos los componentes de la sociedad, respetando la dignidad de la persona por sobre todo, y concluyendo que, las “respuestas posteriores al delito (…) no son más que el reflejo del fracaso del Estado en llevar a cabo sus funciones. Y este fracaso recae sobre la vida y libertades de un sujeto”[9].


Reseñas:

[1] Peregrina Xavi; Ruiz Pablo, Enric; SauretUdina, Meritxell; SimonBeltran, Gerard; Vilalta de Dios, Esther. “La Pena de Muerte”. Pág. 15.

[2]Ibid. Pág. 16.

[3] Henríquez Viñas, Miriam. “El derecho a la vida y la pena de muerte en el ordenamiento constitucional chileno”. Revista Entheos, año 4. 2006, Chile. Pág. 2.

[4] Nogueira Alcalá, Humberto. “Informe en Derecho sobre moción para restablecer la pena de muerte para determinados delitos”. Revista Ius et Praxis vol.9. 2003, Talca. Pág. 3.

[5] Henríquez Viñas, Miriam. “El derecho a la vida y la pena de muerte en el ordenamiento constitucional chileno”. Revista Entheos, año 4. 2006, Chile. Pág. 4.

[6]SquellaNarducci, Agustín. “Introducción al Derecho”. Editorial Jurídica de Chile. Chile. Pág. 559.

[7] Peregrina Xavi; Ruiz Pablo, Enric; SauretUdina, Meritxell; SimonBeltran, Gerard; Vilalta de Dios, Esther. “La Pena de Muerte”. Pág. 18.

[8]Ibid.

[9]Ibid.

 

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