Los desamparados del Estado. Parte I: Introducción

La Moneda

20 de mayo de 2015


La historia de la Humanidad ha sido un devenir de errores y aciertos, en el sentido que a cada problema que el ser humano se ha enfrentado lo ha solucionado, a veces de forma inmediata, pero en otras ocasiones ha sido producto de una sufrida evolución.

Así, la persona humana ha debido lidiar con diversos asuntos, a los cuales la civilización ha podido dar soluciones satisfactorias, cercanas a valores intrínsecos de convivencia. Podemos encontrar en la historia muchos ejemplos, como la evolución en el castigo, desde la “ley del Talión” hasta un sistema penal que garantiza derechos al culpable, entre ellos, el derecho a no ser condenado a muerte. También, la forma de trabajo, pasando desde la esclavitud y la servidumbre, hasta un sistema laboral que reconoce la existencia de un vínculo de subordinación, pero en libertad, y a cambio de una justa retribución. Por otro lado, la relación entre hombres y mujeres, que se basaba en la superioridad del uno sobre la otra, ahora reconoce la igualdad de ambos en derechos y deberes.

Sin embargo, en muchos aspectos el ser humano sigue en deuda. Incluso en los mencionados en el párrafo anterior, existen matices que en la actualidad son de difícil solución. Es así, como en distintos rincones del mundo la pena de muerte sigue entendiéndose como castigo ejemplar frente a los delitos; existen personas que contra su voluntad son llevadas a otros países para ser esclavizados en condiciones infrahumanas; muchos trabajadores reciben remuneraciones que no son suficientes para la subsistencia suya y de sus familias; hay hombres que golpean y matan a sus parejas; varones que son mejor remunerados que las damas por los mismo trabajos.

Nuestro país no “es la copia feliz del Edén” en muchos ámbitos de la vida. Pese a nuestra democracia y nuestro ordenamiento jurídico, en Chile también se atropellan derechos humanos. En esta Introducción, pretendo insertar al lector en este asunto, haciendo preguntas y buscando respuestas de carácter general en nuestro texto jurídico más importante, la base de nuestro ordenamiento: la Carta Fundamental chilena.

El artículo 1° en su primer inciso parte señalando que “las personas[1] nace libres e iguales en dignidad y derechos”. En el inciso cuarto señala que el Estado “está al servicio de la persona humana”, y explicita dicha declaración diciendo que “su finalidad es promover el bien común, para lo cual debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a todos y a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible, con pleno respeto a los derechos y garantías que esta Constitución establece”. Y en su inciso final dice que “Es deber del Estado resguardar la seguridad nacional, dar protección a la población y a la familia, propender al fortalecimiento de ésta, promover la integración armónica de todos los sectores de la Nación y asegurar el derecho de las personas a participar con igualdad de oportunidades en la vida nacional”. Entonces, ¿por qué no existe esa integración armónica entre los más ricos y los más pobres de nuestra sociedad? Esa pregunta la podríamos dividir y concretar en muchos otros aspectos, como la delincuencia, drogadicción, salud, educación, etcétera.

Por otra parte, en el inciso final del artículo 3° dice que “Los órganos del Estado promoverán el fortalecimiento de la regionalización del país y el desarrollo equitativo y solidario entre las regiones, provincias y comunas del territorio nacional”. Pero es más que conocida la desigualdad existente entre   Santiago y el resto de las regiones de nuestra República.

El artículo 4° nos dice “Chile es una república democrática”. Pero al chileno medio le falta participación ciudadana e interés en la política.

El inciso segundo del artículo 5° nos dice que “El ejercicio de la soberanía reconoce como limitación el respeto a los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana. Es deber de los órganos del Estado respetar y promover tales derechos, garantizados por esta Constitución, así como por los tratados internacionales ratificados por Chile y que se encuentren vigentes”. Pero, como venimos diciendo en los párrafos anteriores, los derechos, que, pese a estar consagrados en la Carta Fundamental, en la realidad se olvidan, son atropellados.

Tenemos que recordar, en primer lugar que, pese a ser un texto, que según el inciso segundo del artículo 6°, obliga “tanto a los titulares o integrantes de dichos órganos como a toda persona, institución o grupo”, involucra un deber ser, que no necesariamente se traduce en nuestro diario vivir.

Y en segundo lugar, el Estado está conformado por seres humanos. Los textos que lo regulan son redactados, aprobados y aplicados por personas. Estamos llamados a la perfección, pero para ello necesitamos cometer muchos errores. Es más, la Constitución es más que corregible, considerando que fue producto de uno de los periodos de nuestra historia donde se cometieron más equivocaciones.

Sin embargo, es importante hacer una acotación en torno a la noción de servicio: “la palabra servicio empleada en el inciso 4° el (sic) artículo 1°, es pertinente conectarla con su significado etimológico, “Servitum”, “Servus”, el servicio de esclavo, es decir, el servicio de instrumento. El Estado es un instrumento que sirve al hombre”[2]Por tanto, el Estado y quienes sirven en él tienen el rol fundamental de restablecer el equilibrio, en que los derechos fundamentales sean una realidad para todos quienes habitamos esta patria.

Pese a todos estos comentarios, estas explicaciones, lamentablemente, no satisfacen del todo nuestro quehacer intelectual, en el sentido de no dar respuestas concretas a nuestras problemáticas. Sin embargo, en las páginas siguientes, me adentraré en ello, revisando la Constitución Política que nos rige con el objeto de concretar ideas. Analizaré cómo el ordenamiento jurídico nacional se ha encargado de plasmar las ideas de nuestro constituyente y qué sucede efectivamente en la práctica, para llegar a conocer el porqué de las desigualdades que, en definitiva, terminan afectando a todos.

 

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