La seguridad interior del Estado para un Penalista y un político histérico.

La persona que en este momento colabora directamente con el Presidente de la República en el gobierno y administración del Estado desde el Ministerio del Interior (“y de la seguridad pública”) ha lanzado (o ladrado) una potente amenaza en el ejercicio de su función. Este acto de prevención general (para seguir repitiendo como loro lo que leemos en penal) consistió en advertir que se aplicará la Ley de seguridad interior del Estado.

Esta tan genérica advertencia ha generado fundadas dudas en quienes perciben al Derecho Penal solo como centros de imputación normativa. Quien no hace del fenómeno penal su objeto de estudio, puede entender a este segmento del Estado (o del ordenamiento jurídico), en su faz más ilustrativa; la represiva. Reclamando o no su mayor o menor intervención. Dudas tales como “¿habrá toque de queda?” “¿saldrán los milicos a la calle?” o  “¿funcionan desde ahora tribunales militares?” deben ser aclaradas por penalistas y no por políticos histéricos. Menos por aquellos tan histéricos como el funcionario aludido (Rodrigo Hinzpeter)

En ése sentido son nítidas las diferencias discursivas entre uno y otro. Mientras el penalista reflexiona acerca de la posible adecuación objetiva y subjetiva del hecho de crear una barricada para impedir el tránsito de vehículos motorizados al, solo por ejemplo, “delito de desmanes”, el político histérico comunicará, preferentemente en alguno de aquellos medios de comunicación de baja calidad periodística (como los televisados), que actos como el de la barricada, o la quema de un bus, son “criminales y asesinos”. Me parece más riguroso, desde el Derecho Penal, el aporte del penalista. En efecto, un especialista en este sistema de control social podrá decirnos cómo es que determinada conducta puede ser correspondida con una hipótesis abstracta contenida en la ley, denominada tipo penal. Podría responder qué delito se comete con determinada conducta. Por otro lado, en cambio, el político histérico generará aquella duda molesta de entender qué tiene de asesino quemar una cosa. Más dudoso resulta lo anterior en la nomenclatura penal chilena (“De Chile”, aquél “pueblo”, “nación”, sociedad o Estado que el ministro a dicho proteger). En efecto, el asesinato no existe. Podríamos hablar, tal vez, de homicidio calificado. Es decir, de aquella figura por la cual se describe como conducta penada el hecho de que un ser humano mate a otro (y que lo haga concurriendo las respectivas “calificantes”). La reflexión anterior, por lo tanto, es inaplicable, penalmente, a la quema de un bus. ¿O acaso el señor bus es en efecto un difunto miembro de la sociedad humana cuya muerte lamentaremos en un cementerio o arrojando sus restos al mar?

Finalmente, lo “práctico”. ¿Qué significa, tú que sabes de derecho, que se aplicará la ley de seguridad interior del Estado?

Vemos las respuestas posibles de uno y otro lado.

El penalista podría decir algo así; mira, los hechos que motivaron esta respuesta del ejecutivo ya están descritos y penados en la ley. Específicamente en el código penal. En ése sentido, basta con que entiendas que, por ejemplo, si haces una barricada o si llamas a la sublevación a través de cualquier medio serás más drásticamente sancionado si dichos actos se te pueden imputar en un juicio dentro de un contexto general de desmanes o conmoción pública. Ahora el margen de tiempo por el cual podrías perder tu libertad es mucho más amplio. No sería nada raro que puedas contarlo entre 10 y 20 años. 10 el mínimo y 20 el máximo. Eso sin considerar otros factores que pueden reducir o aumentar tu pena.

El político histérico diría, en cambio; Ocurre que estos actos son condebles (obvio, de estar descritos como delitos…), son repudiables (¿moralmente?). Son dignos de una mente criminal y asesina (¿el bus vive?). Por eso es que recurrimos a esta ley. Para que los delincuentes sepan que a este gobierno no le va a temblar la mano. Para que sepan que hay mano (luma…) dura contra la delincuencia (delincuencia; la Reyna oscura del mundo del delito que combate contra don Graf por la seguridad pública). Confíe usted en que ante este castigo los malhechores (o encapuchados, o anarquistas), lo pensarán dos veces antes de volver a hacer algo así (el fracasado discurso de la prevención general y su aplicación en política de baja calidad discursiva; seguridad ciudadana).

0 Comentarios

Contesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

CONTÁCTENOS

¿Desea comunicarse directamente con nosotros? Escríbanos acerca de sus requerimientos, comentarios o consultas a través del siguiente formulario.

Enviando

Lex Web Chile  |  Email: contacto@lexweb.cl   | Política de Privacidad   |   Términos de Uso y Propiedad Intelectual

o

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

o    

¿Olvidó sus datos?