Gobierno y educación. El caso de México

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Gerardo Sánchez Granados

13 de Julio de 2011


Gobierno y Educación son dos conceptos muy importantes que al día de hoy podemos pensar aún, que siempre estuvieron unidos entre sí, y que siempre fue responsabilidad intrínseca de los gobiernos de brindar educación a su pueblo, pero esto en realidad no siempre fue así, ya que en un inicio, la educación era responsabilidad únicamente de la familia, pensemos en una comunidad primitiva donde se les enseñaba a los nuevos miembros a cazar, a pescar, a recolectar frutos, a comunicarse con otros miembros de otras tribus, etc.; después, y a la par que el pensamiento del hombre fue evolucionando y fue descubriendo nuevas formas de mejorar y de facilitar su actuar en sociedad, las formas de transmisión de conocimientos se fueron haciendo cada vez más complejas, en pocas palabras se fue tecnificando el conocimiento, por lo tanto la familia ya no podía ser el único instructor en éste importante proceso educativo y en un contexto de mayor interacción humana y por consiguiente de una mayor complejidad social.

Al surgir los Estados modernos, con sus diferentes sistemas políticos y marcadas particularidades al gobernar, surgió la gran necesidad de impulsar dentro de las políticas públicas, económicas y sociales el tema de la educación, por lo tanto, la educación dejó de ser un privilegio para determinado sector social, ahora toda la población tendría acceso a este derecho y obligación del Estado.  Por lo que las distintas formas de enseñanza tuvieron que ser reemplazadas por un nuevo sistema educativo que respondiera a la creciente complejidad social, que tuviera una amplia red de planes y de instituciones educativas especializadas y con una prolongación del proceso de la educación formal.

Por consiguiente, el eterno reto de todo gobierno que cimente sus bases en el progreso y desarrollo social, cultural y económico, es, ha sido y seguirá siendo el de buscar que la educación satisfaga la necesidad fundamental de transmitir el conocimiento.  Esta función se cumple de tres maneras: por la preservación, la difusión y la innovación del conocimiento.  Así mismo, el fin de la educación debería ser el de la integración sociocultural y el enriquecimiento personal, pero lamentablemente estos fines no son compartidos por muchos grupos de poder que ven en la educación solo una herramienta mas para una mayor explotación del capital humano disponible[1].

En México, la orientación de la educación, más allá de los mandatos constitucionales, siempre ha sido una cuestión de controversia que se manifiesta en proyectos de política educativa que responden a diferentes intereses y grupos sociales. La transición actual se evidencia en la pugna entre tres proyectos: el corporativista, que lucha por sobrevivir; el neoliberal, en aparente ascenso en todos los órdenes de la vida nacional y en el contexto internacional; y un esquema intermedio que significa un Estado interventor.  Éste último proyecto es impulsado desde el Gobierno y se asegura que se inspira en el liberalismo social, este proyecto no representa una ruptura definitiva con el pasado pero tampoco se encamina al reino absoluto del mercado.  De éste se puede partir para profundizar en el avance del ideal democrático y equitativo[2].

Cabe resaltar que aunque el Gobierno Federal ofrece, en la Constitución y en el discurso de sus gobernantes, una educación amplia y suficiente para todos los mexicanos, la triste realidad es que tal oferta no se puede o no se quiere hacer efectiva.  Sin embargo, la promesa de mejoría genera expectativas en una sociedad con deseos de superación y de mejoría en todos los ámbitos.

En nuestro país, en los textos constitucionales, la misión de la escuela es educar al pueblo, no sólo proporcionarle habilidades y destrezas y reproducir el conocimiento, sino educarlo en el sentido profundo de formar a una persona culta, apta para vivir en la sociedad y ser productiva.  La Constitución Mexicana es rica en postulados filosóficos, en principios educativos de orden general que son ejemplares y motivo de orgullo para la nación[3].  El artículo 3° de la Constitución Política Mexicana establece que la educación que imparta el Estado tendrá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano, inculcar en él el amor a la patria y fomentar la solidaridad internacional; la educación preescolar, primaria, secundara y recientemente, también la educación media superior conforman la educación básica por lo que son de carácter obligatorio; deberá asimismo basarse en el progreso científico, ser democrática, nacional y laica; igualmente la escuela mexicana acrecentará la cultura, contribuirá a la mejor convivencia de la especie y la familia, reproducirá ideales de fraternidad e igualdad de todos.

También la educación nacional se encaminará a luchar contra la ignorancia, las servidumbres, los fanatismos, los prejuicios, los privilegios de razas, religiones, géneros o individuos[4].  En consecuencia, el derecho a la educación es un derecho de todos los mexicanos sin excepción alguna (o eso es lo que debería de ser), ya que está plasmado en nuestra Carta Magna, por lo que el Estado ha creado un sistema nacional de educación que se encargará de proveer de todos los servicios educativos a los mexicanos,  El sistema educativo nacional tiene una enorme complejidad, y sus alcances y límites solo pueden ser entendidos mediante el análisis de un conjunto amplio de indicadores.

Ciertamente, se han registrado importantes avances en materia educativa durante los últimos años, pero no los deseados.  Se ha conseguido una cobertura cercana al 100% en educación primaria, y una tasa importante de expansión en secundaria, media superior y superior.  En 2006, 1.7 millones de maestros brindaron servicios de educación a 32.3 millones de niños y jóvenes en 238 mil escuelas.  El sistema extraescolar atendió a 3.7 millones de personas en educación inicial, formación para adultos y servicios semiescolarizados y abiertos[5].

Sin embargo, aún persisten rezagos de consideración en el sistema educativo nacional.  Los más importantes son la falta de oportunidades de gran parte de la población para acceder a una educación de calidad, y a los avances en materia de las nuevas tecnologías de la información.  Otro problema de suma relevancia es que la educación en México a pesar de tener buena cobertura a nivel nacional, no se esta garantizando que la educación impartida sea una educación de calidad, lo que implicaría que los maestros constantemente estuvieran en capacitación sobre nuevas técnicas de enseñanza y aprendizaje; así como de la información que transmiten a sus alumnos.  Otro problema es la desvinculación entre la educación media superior y superior, y la falta de oportunidades laborales.

El rezago en educación básica se estima en más de 30 millones de personas que tienen más de 15 años que no concluyeron, o que nunca cursaron la primaria o la secundaria.  De ellos, la mitas son jóvenes de entre 15 y 35 años.  Actualmente los años de escolaridad promedio de las personas entre 15 y 24 años es de 9.7 años[6].

El nivel nacional de analfabetismo es de 7.7% aunque con notables variaciones entre los estados de la República Mexicana.  Un indicador relevante para entender el problema de la calidad educativa es el desempeño de estudiantes de primaria y secundaria.  Éste continua siendo muy bajo en lo referente a la comprensión de lectura, la expresión escrita y las matemáticas.  Además, la brecha en calidad entre escuelas públicas y privadas sigue siendo considerable.  Las pruebas EXCALE y ENLACE, aplicadas por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y la Secretaría de Educación Pública (SEP), muestran que la condición socioeconómica de los estudiantes es el factor que más se relaciona con el nivel de logro educativo.  Así, las escuelas urbanas presentan niveles de logro sistemáticamente más elevados que las telesecundarias o las escuelas de educación indígena.  Las escuelas privadas alcanzan calificaciones mejores a las logradas por las escuelas públicas.  Por su parte, los alumnos de telesecundaria, educación comunitario o indígena son quienes obtienen los puntajes más bajos.  Esta disparidad en la calidad educativa es de especial importancia pues, actualmente, las instituciones públicas de educación básica atienden al 87% de los estudiantes, mientras que sólo el 13% tiene acceso al sistema de educación privada, en donde, además de tener un mejor desempeño en el aprendizaje, tienen la posibilidad de cursar materias extracurriculares relacionadas con el deporte, el arte, la cultura y los idiomas, propios de una formación más integral.

En 2006, México gastó en educación 622.4 millones de pesos, equivalente al 7.1 del PIB[7].  Sin embargo, el 90 % de los recursos se destinaron al gasto corriente, lo que significa que el monto disponible para inversión e innovación es significativamente pequeño en comparación con las necesidades de cambio cualitativo que presenta el sistema educativo.

El sistema educativo nacional requiere de una significativa transformación basada tanto en el mejoramiento material y profesional de los maestros, como en el énfasis en el logro de aprendizajes, y el fortalecimiento en la capacidad  de decisión en las escuelas, bajo la plena cooperación de padres de familia y alumnos.

Recordemos que la principal riqueza de un país son sus hombres y sus mujeres.  Los países que han logrado el verdadero mejoramiento de las condiciones de vida de su población se distinguen de otras, por haber puesto especial atención en la provisión de una educación de calidad relevante tanto para la vida como para el desempeño en el mundo productivo, pero sobre todo, se tiene que alcanzar una satisfacción meramente personal por todo lo que se haga.  Lamentablemente en nuestro país, todavía falta mucho por hacer, hay muchas problemáticas por resolver que afectan indiscutiblemente que la educación pueda ser de calidad, como lo es el narcotráfico; pero la clave de cualquier conflicto social, político o económico, radica en el de resolver el problema de la educación, porque un pueblo con educación sabe como resolver las otras problemáticas, sabría encontrar las mejores alternativas para sacar adelante a este país cada vez más sumido en la violencia.

Un país con educación es como un cuchillo de doble filo, por un lado es un país capaz de resolver cualquier inconveniente, pero también es un pueblo con armas para ya no dejarse subyugar por los grupos de poder.

Pero, también es cierto que no podemos seguir esperando que nuestro gobierno nos facilite todo de la noche a la mañana, nosotros necesitamos tomar conciencia de lo que es enriquecernos con el conocimiento, necesitamos despertar de ese sueño eterno en donde nunca pasa nada y en donde nuestro país es el lugar de las mil y un oportunidades, y lo es, pero desafortunadamente la mayoría de ellas son desaprovechadas; ya que de nada nos sirve soñar si no nos proponemos sacar a este país de esta terrible crisis de ignorancia y de falta de cultura por el conocimiento.  La mejor herencia que podemos dejarle a nuestros hijos es la educación.

[1]Shepard, Jon y otros, Sociología, México, Editorial Limusa, 2005, p. 200.

[2] Ornelas, Carlos, El Sistema Político Mexicano. La Transición de Fin de Siglo, México, Fondo de Cultura Económica, 1995, p.56.

[3] Ibíd., p. 57.

[4] Consultar el Artículo 3° de la Constitución Política Mexicana.

[5] Presidencia de la República, Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, 2007, pp. 176-177.

[6] Ibíd., p. 178.

[7] Ibíd., p. 181.

 

1 Comentario
  1. Kaden 2 años

    Felt so hopeless looking for answers to my qunnsioet…ustil now.

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