Energía distribuida, Política Distribuida.

Las Energías Renovables no Convencionales, suponen un cambio de Sistema de Generación, distribución y de uso de la misma energía eléctrica. Ya hemos tratado este tema latamente en otras columnas, aquí quisiera detenerme en algunos problemas que importa la implementación de esta política.

Rápidamente, el sistema de generación distribuida supone tener generadores pequeños de energía eléctrica en sectores urbanos o cercanos a los centros de comunidad, en forma independiente cada uno de ellos y conectados con los demás a fin de complementarse. Esto supone una suerte de “islas de generación”. Este es un modelo que en Alemania se ha implementado en algunas comunidades pero que no se ha masificado y evidente las razones: Este sistema hace que la propiedad de la generación eléctrica sea colectiva. ¿Quién es dueño de la producción de energía eléctrica? Todos los que la generamos. En consecuencia, todos reciben en forma igualitaria, sin que nadie pueda afirmar la titularidad absoluta en el dominio de dicha producción.

De esta forma, el modelo en comento supone  pagar a una empresa solo por los costes de mantención de las mini generadoras domiciliarias o comunitarias, y no pagar por la producción ni la distribución.

Los problemas que presenta la implementación de este sistema son al menos 3:

1° Falta de comprobación empírica de los resultados de la implementación del modelo a gran escala

2° pérdida económica de los grandes grupos productores de energía eléctrica.

3° Imposibilidad en de implementación si una autonomía local de la comunidad, en cuanto toca a lo político- administrativo.

Abordaremos solo la tercera en esta columna de opinión, dado la baja extensión de un texto como este.

El sistema político-administrativo chileno es centralizado, pese a que nuestra carta fundamental señala algo contrario, aduciendo una suerte progresividad hacia la descentralización territorial. En la realidad, todo acto administrativo se realiza desde el centro de impulsión política. Esto dificulta mucho las cosas, ya que resulta un tanto utópico pensar que un sistema que se basa en una política pública que va desde la unidad política más pequeña a la más grande.

Piense usted, que para implementar la generación distribuida se requiere cambiar la norma de construcción y urbanismo. Cambio que se debe realizar atendiendo a las necesidades y contextos propios de cada zona geográfica, cuestión que una ley no puede abarcar, dada las características íntimas de ella – general y abstracta-.

Con un ejemplo esto será más patente. Piense que en la Zona Norte del país las viviendas debieran tener una mayor independencia energética utilizando paneles solares. Sin embargo, en zonas más australes del país esto resulta insuficiente. Por lo que,  otros sistema de autogeneración debieran ser implementados, como mini generadores eólicos, etc.

Otro problema derivado del centralismo, se da en el campo de decisión para esta política. Dijimos con anterioridad que se requiere la mayor de las descentralizaciones, sin perder de vista que dentro de esta suerte de “Isla generadora” que debe complementarse con otras que  tengan déficit en su generación. Esto, entonces limita a la política, porque los municipios- la unidad política en chile más local- no tiene autonomía desde el punto de vista de la política pública,  ya que a estos organismos solo toca implementar la política impuesta desde el ejecutivo, en Santiago. Su capacidad para agruparse se ve absolutamente limitada.

Ahora bien, existen soluciones que debemos analizar, para poder implementar esta política energética.

La descentralización y autonomía política y administrativa de las comunidades. Esta es la solución más obvia y necesaria. Es bastante complicado que esto se dé, dada la experiencia ya ocurrida en 1826 bajo el gobierno de Don Manuel Blanco Encalada y el llamado “Proyecto federalista”. Sin embargo, considero que hoy están las bases sentadas para poder impulsar este nuevo sistema político- administrativo.

La gran mayoría de las regiones en Chile tiene su polo de producción de recursos, lo que perfectamente las haría autosustentables. Y esto es lo que hoy se reclama con tanto ahínco. Empero, esto se debe realizar con un ánimo de cooperación. Siempre existirán zonas del país que pudieran ser afectados por la implementación de este nuevo sistema, y algunas que saldrán más favorecidas. Piense usted, que si Antofagasta, CAPITAL MINERA DEL MUNDO,  fuera independiente, en los términos señalados, muchas zonas del país estarían en una completa desigualdad con aquella. Y en esto hay que poner atención, porque la idea no es empobrecer a unos para enriquecer a otros. Esa entelequia de la Canción “Que la tortilla se vuelva” no puede caber en nuestra explicación. Por ello, se debe desarrollar con especial cuidado la forma de complementariedad de las zonas independientes en forma política y económica, pero siempre aferradas jurídicamente a un centro que asegure el común respeto entre ellas y soluciones los conflictos intersubjetivo que existan entre estos.

Finalmente, cabe resaltar, que la democratización que tanto se aclama como principio social básico de convivencia, pasa por dar autonomía a las comunidades. De otra forma, parece muy complejo e inclusive hasta retórico.

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