El génesis de las (des)motivaciones electorales

derechocivil

Autor: Gerardo Sánchez G.

26 de Marzo de 2013


“El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros”.

– Ambrose Bierce

 

En la búsqueda de información bibliográfica que pudiera sustentar esta investigación, nos encontramos con escasa bibliografía sobre las motivaciones de las y los electores, a pesar de que es un tema de importancia para la clase política. Sin embargo, si encontramos datos cuantitativos sobre las elecciones hechas por los electores, pero no encontramos porque los electores votan o no por determinada opción política. Se han realizado importantes esfuerzos a partir de los años 40’s para explicar el comportamiento electoral de los votantes.

La Psicología Política[1] es la disciplina que se ha encargado primordialmente de estudiar los problemas de ideología política, poder, sistemas políticos, identidad étnica, movilizaciones políticas, negociación política, conducta política individual, participación política, temas de personalidad y política, la dimensión política de la psicología judicial y la violencia política, la psicohistoria o la socialización política (Dávila, Fouce, Gutiérrez, Lilo de la Cruz, & Martín, 1998).

Para comprender las motivaciones de las y los electores es preciso conocer la percepción social que existe en determinado tiempo y espacio, en este sentido Juan Soto Ramírez en su libro Psicología Social y Política cita en el capítulo 5 de la Psicología Social de la Incertidumbre a Norbert Lechner quien menciona que los miedos son no sólo una motivación poderosa de la actividad humana, sino de la acción política también; y afirmaba que podemos encontrar un conjunto de miedos: el miedo al Otro (la percepción del otro como un posible agresor); el miedo a la exclusión (tanto económica y social), y el miedo al sinsentido (el más difuso de los temores que emerge de las experiencias nuevas y que crean la sensación de un estado de desorden o caos social).  Menciona que los miedos atraviesan un proceso de gestación y de definición en un sentido cultural, social, político, ideológico, psicológico, etc.  No hay miedo sin memoria ni memoria sin miedo.  En la vida cotidiana, por ejemplo, los miedos, que pueden traducirse en inseguridad pública, son capaces de transformar hasta la estética de los espacios urbanos (Soto, 2006).

Por su parte, Graham Wallas plantea que “la conducta política está gobernada por impulsos tales como el miedo o el deseo de propiedad”.

Es importante ahondar en este tema, ya que inconscientemente las y los electores pueden estar determinando su voto por motivaciones derivadas del miedo, y en consecuencia hacer su elección impulsados por su miedo y desconfianza a la elección o no de cierta opción política, y en muchas ocasiones esta decisión, está influida por los encargados de diseñar estrategias de comunicación con la finalidad de orientar el voto de las y los electores.

Sin embargo, no sólo los electores votan por miedo, ya que el acto de votar sintetiza y refleja las lealtades político-electorales, los sueños y esperanzas de la gente, así como los temores y, de cierta manera también, los rencores sociales, sus filias y sus fobias.   En el acto de votar, el elector no sólo se enfrenta y se reencuentra con  la  urna, sino también  con sus problemas, sus necesidades, sus emociones, sus deseos, sus  pasiones, sus expectativas y sus sentimientos. Es decir, el elector es él y sus circunstancias, en la que múltiples factores inciden en su comportamiento  y definen la orientación de su voto, tal como lo mencionan Andrés Zepeda y Delia Amparo en su artículo denominado ¿Qué mueve a los votantes? Un análisis de las razones y sinrazones del comportamiento político del elector.

Donde además, se explican con gran exactitud las tipos de teorías que existen sobre el voto[2]: teoría conductista, teoría racional y la teoría cultural.  La teoría conductista consiste en que el comportamiento electoral esta determinado por estímulos externos y no a la herencia o los genes.  La teoría racional, considera que el comportamiento  político y la orientación del voto del elector es el resultado del cálculo racional en la que se  hace un razonamiento de ventajas, desventajas, beneficios y riesgos que se corren al tomar una determinada decisión.  La teoría cultural considera que el hábito de votación y los aspectos culturales que se van construyendo a través del tiempo, lo que realmente incide y determina la conducta y comportamiento político de los votantes. (Valdez & Amparo).

Pero el interés por conocer el comportamiento electoral de los votantes, proviene del año 53 antes de Cristo, donde comienza a despertarse el interés  por saber qué  mueve o motiva a los votantes debe ser parte medular  de la estrategia de quienes aspiraban a ganarse su apoyo, desarrollo histórico necesario para comprender el presente.

En ese mismo artículo, se realiza un análisis de las tipologías del electorado: el voto duro, el voto blando, el voto opositor y el voto indeciso, y se despliegan una serie de características de cada tipo de votante.  Es importante mencionar que para los autores “los partidos políticos y los candidatos, tradicionalmente, orientan sus esfuerzos en la persuasión de los votantes blandos e indecisos, ya que en el sector de votos duros o de votos opositores, la posibilidad de cambio en las lealtades electorales es baja”.

Así mismo se detallan las razones y sin razones que describen las principales teorías que tratan también de explicar  el comportamiento y la motivación de los votantes y se plantean algunos lineamentos estratégicos de cómo movilizar este tipo de electores, entre los cuales figuran: el voto racional, el voto inercial, el voto personalizado o por el candidato, el voto de ira, el voto por consigna o corporativo, el voto de hambre, el voto del miedo, el voto contextual, el voto circunstancial, el voto ganador, el voto plebiscitario, el voto de plástico, el voto anulado y voto nulo, voto útil, el voto ideológico, el voto partidista, el voto clasista, el voto experiencial, el voto relacional (Valdez & Amparo).  Estas categorías permiten identificar y entender de manera más amplia la conducta de los electores.

Y a manera de conclusión se menciona que: “en este siglo XXI, caracterizado por la democratización de los sistemas políticos y el aumento de la competencia inter-partidista,  es imprescindible que los partidos y sus candidatos conozcan a los ciudadanos, sepan qué los mueve o los motiva, conozcan sus deseos, sueños, esperanzas, expectativas, emociones y sentimientos. Quien conozca a profundidad a los electores, sepa de sus razones y sinrazones,  esté al tanto de sus filias y sus fobias, sepa de sus simpatías y antipatías  y sea, además, competente para articular estrategias inteligentes orientadas a ganar su voto, ha encontrada la llave maestra para acceder y conservar el poder político bajo un sistema de impronta democrática”.

En el caso de México, el estudio de la psicología política se ha desarrollado ampliamente a partir de los años 70’s, extendiendo su interés y áreas de influencia, debido a la incesante necesidad de quienes ostentan el poder para atraer y mantener la atención de sus gobernados, valiéndose de la psicología para persuadirlos y lograr su aceptación en la sociedad.  Lo mismo ocurre cuando inician los procesos electorales, en donde el interés primordial es convencer a los votantes por tal o cual propuesta de campaña, por lo que cobra relevancia el conocer las conductas políticas del mexicano.

En este sentido, Abraham Quiroz Palacios, en su libro Las conductas políticas del mexicano, un estudio psicosocial, plantea que el desarrollo de la psicología del mexicano, pasó de considerar al pueblo mexicano como acomplejado, receptor pasivo de la política e irremediablemente hundido en el conformismo, a ser un pueblo que busca el cambio y la modernización del sistema político y se ha vuelto más contestatario y participativo en la política, motivado principalmente por un nuevo imaginario social colectivo que por el tradicional esquema que imperaba en el pasado.

Para el autor, el conformismo mexicano encuentra su ruptura con el movimiento estudiantil del 68’, debido a que desde el año de 1922, imperaba el excesivo centralismo, presidencialismo e instituciones cerradas a la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones.  Por lo que la nueva libertad política motivó la aparición de nuevos actores políticos y nuevas demandas políticas.  Así mismo Quiroz hace referencia a una importante variable de análisis, la económica, ya que el contexto económico ha tenido que ver siempre con los estados de ánimo de la gente, inhibiéndole o suscitándole motivaciones para que deje de tener o tenga participación en los asuntos de carácter público (Quiroz, 1999).

El marketing político llega a México en 1988, poniéndose de moda los estudios de opinión, concibiendose como una excelente herramienta de competencia electoral y de medición de la opinión pública.  En 1997, ocurre el boom de las encuestas, ya que comienzan a tener gran valor cientifico.  Los partidos políticos en este momento comienzan a preocuparse por las encuestas preelectorales, con la finalidad de evaluar a sus precandidatos, y conocer los intereses de la opinión pública. Conocer la genesis del voto es valioso, nos permite comprender el comportamiento político del mexicano, acercandonos más a su psicología, a su idiosincracia, que moldean la realidad social mexicana y más aún nos permitirá entender mejor las preferencias de las y los votantes de toda la urbe.

¿Y tú por qué votas? ¿Cuándo votas es realmente consciente tu voto? ¿En qué basas tu decisión final?


Bibliografía:

  • Soto, J. (2006). Psicología Social y Complejidad. México, D.F.: Universidad Autónoma Metropolitana.

[1] La Psicología Política es el estudio científico de los factores psicológicos que determinan la conducta  política y el efecto de los sistemas políticos en los procesos psicológicos.

[2]  Para los autores  Zepeda y Amparo el voto es un acto cargado de significados culturales, que refleja en su orientación costumbres, hábitos, preferencias, filias y fobias políticas. Es decir, el  voto también es resultado de un proceso sociocultural y político. En este sentido, refleja  al propio votante: su pasado, su presente y su futuro.   Dónde se genera el voto ha sido una incógnita no resuelta definitivamente en la ciencia política, aunque hay hipótesis que plantean que el voto se genera en la conversación y que son varios y distintos los factores que inciden en la motivación y orientación del voto.

 

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