El desconocido delito de maltrato animal.

Aunque muy pocos lo conozcan , sí existe en nuestro ordenamiento jurídico el delito de maltrato animal, tipificado como tal en la ley 20.380, la que es escasamente conocida y aún menos aplicada. Una de las razones de esta falta de aplicación práctica radica en que  jamás se dictó el reglamento respectivo que establezca las sanciones aplicables, ni menos la forma cómo debe ser aplicado su articulado, constituyéndose por ello en una ley inaplicable, que establece los conceptos y principios generales respecto al maltrato animal.

En nuestro Código penal podemos encontrar también preceptos que sancionan de forma clara el maltrato animal, como son los artículos 291 y 291 bis, los que al igual que la ley 20.380, son escasamente aplicados por los tribunales de justicia, pues adolecen de falencias graves, como lo es no señalar de forma exacta o taxativa qué conductas son constitutivas de maltrato o crueldad animal, razón por la cual en la praxis debe recurrirse a las normas de interpretación que establece el Código Civil, el cual dice que las palabras deben entenderse en su sentido natural y obvio, es decir, aquel que común y generalmente se le da a la palabra en cuestión. Difícil de aplicar, pero no imposible.

Otra de las razones por las cuales estas normas tiene muy poca aplicación práctica es la casi nula denuncia de estos hechos por parte de las personas, que prefieren autoengañarse y hacer como que estos hechos no existen, antes de involucrarse en un proceso judicial a favor de un animalito desvalido.

Contrariamente a lo que pudiera pensarse este delito no sólo puede ser cometido por acción, siendo éste toda acción de un individuo tendiente a producir la muerte o daño a un animal propio u ajeno; sino que también puede ser cometido por omisión,  en el caso de cualquier persona que a cualquier título tiene un animal y no le proporciona alimento, albergue adecuado de acuerdo a las necesidades mínimas  de cada especie. Por lo tanto estimado lector, se entiende como maltrato animal por omisión privar a un animal de alimento, agua, abrigo y espacio.

Lamentable resulta, a juicio de esta columnista tener que tipificar como delito actos como no alimentar o proporcionar agua a un animalito, principios fundamentales de la tenencia responsable de mascotas. El asunto es bien sencillo- y hablo a modo estrictamente personal- si usted no es capaz de responsabilizarse por su mascota, entonces no la tenga. Simple.

Con respecto al maltrato animal cometido por individuos en contra de mascotas de terceros o simplemente animalitos sin dueño, aparte de recomendarle a aquellos una visita al siquiatra, resultan pertinentes las palabras del Consejo de defensa del Estado en un estudio realizado con motivo de estas materia: “La finalidad última del establecimiento del tipo penal de maltrato animal, es reprimir la extroversión de la perversión moral del agente criminal que satisface su insano, morboso y malsano sentimiento de poder y supremacía sobre otro organismo vivo, cuya constitución psicológica y neurológica, de alguna manera similar a la propia del hombre, es dañada y lesionada en forma absurda, inmoral, sin sentido, irracional, lo que repugna a los más elementales principios de piedad y misericordia insertos en la cultura cristiana de nuestra comunidad occidental. Por ese motivo, se considera como objeto de la protección jurídico penal, el resguardo de tales valores espirituales, únicos elementos, tal vez, tan propios de la naturaleza humana que son los distintivos de la especie”. (Memorias del CDE p. 534).

Queda clara la naturaleza del maltratador. Sin comentarios.

Claro es también, según un estudio publicado en la prensa durante el transcurso de esta semana, que es clave dentro del desarrollo integral de un ser humano, el promover desde la más tierna infancia, el respeto por los animales, tanto es así, que se demostró que 2 de cada 3 asesinos en serie, habían sido previamente maltratadores de animales. Absolutamente decidor.

Invito a los distinguidos seguidores de esta columna, a participar activamente en la lucha contra el maltrato animal, a denunciar en la Policía de Investigaciones, a concurrir a los Tribunales de Justicia, a hacer suya en parte esta noble causa y así poder lograr poco a poco, la creación de una gran conciencia que permita terminar con estos despreciables abusos, y por qué no, con estas despreciables personas.

Sin duda el tema es mucho más extenso de lo que podemos abarcar en este espacio, y falta sin duda, un avance en materia legislativa, pero la inquietud está planteada. Ya el célebre Thomas Alva Edison se refería a este tema en los albores del 1900: “La no violencia lleva a la más alta ética, lo cual es la meta de la evolución. Hasta que no cesemos de dañar a otros seres vivos, somos aún salvajes.”

Espero sinceramente que la humanidad abandone algún día el salvajismo.

Soledad Avilez

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