El Derecho y la influencia de su delimitación

derecho constitucional

16 de Mayo de 2012


Desde que las personas se agrupan y conviven, desarrollan una súper-estructura piramidal de organización, la cual va desarrollándose a medida que las relaciones inter-personales se complejizan. En virtud de lo anteriormente dicho, es natural y obvio que toda la organización social este basada en un conjunto de valores, estos son ideales ético-empíricos sociales básicas que la sociedad adopta en un momento determinado de su historia o vivencia, lo cual un Estado propugna debido a la manifestación del querer interno, es decir, de la voluntad de un conjunto de individuos; constituyendo aquel querer en una norma de convivencia humana, producto del espíritu humano y por consiguiente, tiene siempre por objeto el desarrollo y la garantía de los intereses sociales, esto es, un ordenamiento jurídico, dentro de lo cual se consideran los objetivos y planteamientos considerados como fundamentales por la sociedad en un momento social, político y culturalmente determinado. Luego, para promover el respeto de estos valores reflejados en reglas y principios que la sociedad ha adoptado.

Ahora bien, conforme lo dicho en relación con el texto cabe preguntarse ¿Es posible que los hombres estén por sobre las normas de convivencia humana? ¿Es siquiera pensable que bajo el arbitrio o el sentir de una persona debido a que este encuentre las normas “injustas” no se atenga a estas? En un dialogo de Platón (“Critón”), Critón trata de persuadir a Sócrates que se fugue de la prisión, realizando con esto un evidente desacato a las normas de convivencia de la época. Esclarecedor es este ejemplo del relato, “Si cuando nosotros estemos a punto de escapar de aquí, o como haya que llamar a esto, vinieran las leyes y el común de la ciudad y, colocándose delante, nos dijeran: “Dime, Sócrates, ¿qué tienes intención de hacer? ¿No es cierto que, por medio de esta acción que intentas, tienes el propósito, en lo que de ti depende, de destruirnos a nosotras y a toda la ciudad? ¿Te parece a ti que puede aún existir sin arruinarse la ciudad en la que los juicios que se producen no tienen efecto alguno, sino que son invalidados por particulares y quedan anulados?” ¿Qué vamos a responder, Critón, a estas preguntas y a otras semejantes? Cualquiera, especialmente un orador, podría dar muchas razones en defensa de la ley, que intentamos destruir, que ordena que los juicios que han sido sentenciados sean firmes. ¿Acaso les diremos: “La ciudad ha obrado injustamente con nosotros y no ha llevado el juicio rectamente”? ¿Les vamos a decir eso?1En este extracto del relato se puede inferir claramente cuáles son los cuestionamientos que se le sostienen a Sócrates si este realiza ciertas conductas, en consecuencia la acción u omisión que el hombre realicen están directamente encaminados a un fin. Y por lo tanto, tal como cada persona cumple una función dentro de la sociedad, es bajo tal fundamento que ningún hombre puede desatender arbitrariamente las reglas de convivencia sociales, las cuales no pueden ser derogadas en el intento emocional de alguna persona de injusticia ante tales reglas, de la misma forma lo señala Sócrates, “Ni ser injusto ante la injusticia, como creen muchos, puesto que nunca hay que obrar injustamente2”, esto es conforme con la consecuencia de Sócrates del respeto y obediencia para con las leyes con el mismo propagaba en la polis.

Pues bien, el derecho no es más que “un sistema formal, es decir, un sistema elaborado sobre la base de una más o menos sofisticada red de competencias e incompetencias”. En virtud de ello me gustaría explicar lo que Hart señala. Primero que todo debemos distinguir entre reglas primarias y secundarias. Las primeras imponen obligaciones, mientras que las segundas confieren potestades. Sobre las últimas quiero ejemplificar: que el presidente vele por el interés general de la nación, la capacidad de los jueces para resolver una controversia, etc. Estas segundas (normas) autorizan a todos los individuos de la comunidad política a crear, modificar o extinguir normas. Estas a su vez de clasifican en normas de conocimiento, de cambio y de adjudicación. Es sobre las primeras que es menester detenernos por un momento, estas son aquellas que identifican el origen de la norma jurídica, pues bien, si esto lo mezclamos con las reglas de reconocimiento, este es el deber de los gobernados a obedecer a sus gobernantes. Pues bien, la idea que establece Hart es que esta es un hecho, porque esta no deriva de su validez de otras normas sino que deriva de la aceptación que los jueces hacen para establecer las reglas. Ahora bien, hemos puesto “contenido” a la definición de Derecho establecida por Atria, pero ¿Qué es lo interesante de todo esto? Más aun, primero que todo, hemos reconocido y descrito el derecho tal cual es, lo cual quizás puede considerarse una trivialidad pero a nuestro parecer no lo es, ya que, el derecho tal como es no vale o deja de valer porque sea justo o injusto sino meramente porque ha pasado por un proceso formal de legitimación. Y he aquí lo interesante.

De esto último podemos decir, como es sabido, que existen tres leyes; eterna, natural y la positiva o humana. En virtud de lo dicho podemos establecer una premisa de suma importancia con respecto a los jueces, ya que, como la doctrina iusnaturalista establece que los jueces deben recurrir a ciertos casos a principios morales para justificar sus decisiones, de que los jueces deben negarse a aplicar aquella norma jurídica que contradice principios morales, de que toda norma jurídico cualquiera que sea su origen y contenido tiene fuerza obligatoria y debe ser obedecida, y de que la identificación de un sistema jurídico requiere formular juicios de valor acerca de la justicia y moralidad de sus disposiciones. Por ello sostiene conjuntamente dos tesis, de filosofía ética (valores y principios universales y válidos) y de concepto de derecho en que aquellos sistemas jurídicos no lo serán si contradicen aquellos principios y valores morales. Pero de lo anterior se desprende, que hay una discrepancia entre el origen o fundamento de los principios morales y de justicia que conforman el llamado derecho natural, y acerca de cuáles son tales principios.

En virtud de lo señalado en el último paso quiero referirme a tres puntos principales; obligaciones naturales, matrimonio y nuestro concepto de contrato. Con respecto al primer punto es interesante la formulación que tenemos sobre estas obligaciones, ya que, son aquellas en las cuales un acreedor no tiene acción para “obligar” a un deudor a que realice el pago, pero que realizándolo este -acreedor- puede quedarse con lo dado o pagado en razón de ella. Creo este es uno de los casos más evidente de influencia iusnaturalista en nuestro Código Civil o en las reglas civiles. Primero, porque intenta fomentar el deber ser de una situación que no necesariamente debe ser, ya que, es mera conciencia individual. Esto es más fácil aun de entender si lo llevamos a los esponsales. Las promesas de matrimonio pueden admitir, tal como se hacía en el Derecho Romano, una suma de dinero como reparo del agravio sufrido si este no se realizaba. Mas, en nuestro derecho no existe acción para que el perjudicado pueda pedir de pleno derecho esta indemnización, pero que dado un reparo económico este se puede quedar con aquello. ¿Qué existe aquí en el fondo? A mi modo de ver, hay una intención de deber ser moral, imponiéndole este último, como peso coactivo, a aquel que debía realizar la prestación. Ésta se siente en el fuero interno del deudor, como medida apremiante, así tal vez lleve a cabo la prestación. Más aun, desde el punto de vista sociológico externo del Derecho Canónico, esto es una medida de desprestigio social de aquel que no lleva a cabo la prestación debiendo moralmente realizar, en el cual este último ha empeñado su honor, es decir, la buena fama, el prestigio y el crédito del que goza en el ambiente social y frente a terceros. Entonces, esta carga moral que se le impone al deudor debería pesar en su fuero interno de forma tal que este realice la prestación.

En consecuencia, a través de estos ejemplos creo se explica la pugna existente en el deber moral de las normas y la coacción de las normas por sí misma, y más allá de eso, que cuando una norma suele parecernos injusta igualmente no existe potestad más elevada que la soberanía para poder declarar a estas de injustas, por lo tanto la norma por ser norma y manifestación de la voluntad soberana ya es coercitiva como tal. En este sentido al insistir Critón a Sócrates en evadir la justicia, Sócrates sagazmente realiza una defensa a la soberanía extendida o reflejada en el Estado, la obediencia civil, el orden natural, y las virtudes del hombre respecto de sus fines al vivir en sociedad, así como también sus deberes. Resulta por lo tanto interesante este texto para adentrarnos en el estudio y la controversia clásica de lo justo, moral o coercitivas de las normas, y cómo, cuándo, o quién pueden desacatarlas en qué momento, tal como dice Santo Tomas: “aquella ley que sea tirana, deja en libre albedrío a cualquier hombre de revelarse con ella o contra su opresor, porque es el espíritu de cualquier hombre anhelar y desear la libertad del auto control”.


Reseñas:

1 Platón, Sócrates y Critón, pp. 95.

2 Platón, Sócrates y Critón, pp. 94.

 

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