El abuso de la demencia.

Un viejo dicho decía que la sabiduría de este mundo es locura a los ojos de Dios, ¡cuán alejados nos encontramos de esta frase y su aplicación! De las ramas del Derecho el Derecho Penal es sin duda un área extrema en el campo de la justicia, donde se juega con bienes jurídicos tan importantes que la negligencia, al igual que en la medicina, podría traer graves consecuencias. Dentro de esos bienes jurídicos protegidos podemos dar como ejemplos a la propiedad, la integridad física y la vida que es un valor fundamental del resto de los bienes que emanan como consecuencia de este, ¿Pero qué sucede si son violados, corrompidos o interrumpidos? En ese caso estamos frente al delito y su desarrollo, y la posterior acción punitiva del Estado, el protector de la Nación, que tal como se desprende del contrato social transamos nuestra libertad para que el Estado resguarde el bienestar de las personas dentro de la sociedad.

Hasta aquí todo funciona acorde a lo que cualquier libro o estudios básicos en el Derecho Penal se entiende, pero al chocar la realidad con la teoría nos damos cuenta que día a día los noticieros nos destruyen y hacen caer la seguridad por la que tanto abogamos, o que no llega en definitiva a todos.

Al enfrentarnos a nuestro Código Penal nos damos cuenta que está lleno de garantías, delitos específicos, penas asociadas a éstos y en sí todo un catálogo para manejarnos en la vida penal. Dentro de los artículos destaco el décimo que nos señala las circunstancias que eximen de responsabilidad criminal y dentro de este el primer numeral, que sin duda es el más usado y “abusado”, especifica: “El loco o demente, a no ser que haya obrado en un intervalo lúcido, y el que, por cualquier causa independiente de su voluntad, se halla privado totalmente de razón”. Esta causal crea de por si varias preguntas sobre su aplicación, como por ejemplo: ¿La locura justifica el delito? ¿Cómo saber que no se finge este estado?

El diccionario define la locura como “privación del juicio o del uso de la razón, acción inconsiderada imprudente o insensata, exaltación o arrebato”, y a la vez la demencia es definida como “locura; trastorno de la razón”. Como se ve en estas citas, ellas nos hacen pensar que a veces no se aplican en totalidad. En la Medicina Forense se entiende como un término legal y social para una condición que hace que la persona afectada no esté apto para disfrutar de la libertad de acción, debido a la falta de fiabilidad de su comportamiento por el peligro concomitante a sí mismo y a los demás.

Como se aprecia nos enfrentamos a varias cuestiones de índole sicológico y penal (que para el tiempo de la redacción de éste Código no se pensaba en la evolución frente a este tema). En Estados Unidos el equivalente para el articulo décimo numero uno chileno es el alegar “locura temporal” cuyo tratamiento se asimila a nuestro ordenamiento jurídico; por ejemplo, si se formula una denuncia a la policía, al fiscal o al personal médico de que una persona está evidenciando un comportamiento sicótico, él/ella puede ser confinado a un centro médico el tiempo suficiente (normalmente 72 horas) para ser examinado. Dentro de nuestro ordenamiento el declararse loco o demente o imposibilitado de razón lleva al confinamiento en un centro siquiátrico con cargo de la familia, pero eso no obsta el rol de culpable.

En nuestro sistema, los defensores se encargan de que el imputado tenga un trato justo, un debido proceso y que el sujeto no sea condenado. Pero, ¿hasta qué punto la defensa no abusa de ciertos recursos? Claro ejemplo es el “caso Karadima”, donde los abogados van pedir que se realicen exámenes sicológicos al imputado para saber si actuaba dentro de sus “cabales”.

Estados Unidos utilizan un criterio para saber si es culpable o no lo es, esto mediante un examen que se basa en la diferencia entre el bien y el mal que percibe cualquier persona. Siguiendo el ejemplo del “caso Karadima” se entiende que un sacerdote sabe distinguir o discernir sobre estas cosas, no por nada es el clero quien vela por la  protección de la moral y un correcto vivir, pero en este caso, en sí, no es lo que nos interesa. Como vamos descubriendo, la locura y el desconocimiento de los actos se van hermanando, haciendo que la verdadera razón del desequilibrio mental pierda su significación, cambiándose por una defensa que a veces sólo uno escucha para no sentir más asco frente a esto. Ahora bien, tal vez surjan más interrogantes frente a esta declaración. Quisiera señalar que las psicopatías, según la OMS, quien en 1992, define el trastorno disocial de la personalidad según alguno de los siguientes criterios:

1)      Cruel despreocupación por los sentimientos de los demás y falta de capacidad de empatía.

2)      Incapacidad para mantener relaciones personales duraderas.

3)      Incapacidad para sentir “culpa” y para aprender de la experiencia en particular del castigo.

Me quiero detener en este último punto para ir a la siguiente arista de este tema en cuanto asimilamos la locura con la incapacidad; debemos sacarnos ese pensamiento, el delincuente que dice ser loco o que actúa en desconocimiento de sus actos no significa que sea así. Dentro de esto, como no olvidar el caso del joven que mato a un sacerdote en la catedral más conocido esto como el “caso Orias”, quien al ser sobreseído fue recluido en un centro de atención siquiátrica. El diario La Nación recogió parte de su testimonio dentro del cual quisiera agregar este pequeño extracto para fundamentar esta incapacidad de que habla la OMS, el cual dice:

“¿Te arrepentiste al momento de dar muerte al sacerdote?

El sacerdote gritaba y yo no me podría “arrepentir” porque esto lo tenía que hacer. El padre ahora debe de estar bien. No estoy arrepentido de lo que hice porque yo lo busque y lo elegí.

Satán no me pidió que le diera muerte al sacerdote. Yo asimilé que esto sería algo en contra del cristianismo”.

No amerita más comentarios frente a este extracto de la entrevista, donde nos lleva a pensar que tal vez la disposición legal del Código Penal referente a la eximente de responsabilidad ya no puede ser ocupada. Puede que muchos piensen lo contrario, pero asimilen esto antes: La legislación penal da muchas facultades para lograr un rebajamiento de las penas, pero en la situación de un juez que desconoce del tema sicológico, que además de ser orientado por peritos y demases es muy difícil que llegué a entender, no hay que ser ciego para saber que muchas veces se prepara a la persona para que responda lo necesario para lograr un diagnostico favorable. Somos humanos y nos podemos equivocar, pero si abusamos de las disposiciones y no actuamos de buena fe al invocarlas seremos tan culpables como quienes las cometió. No desconozco que puede que la persona realmente sufra de un desequilibrio mental sea de nacimiento o que con los años se desarrolle, o por un hecho que hace que la persona entre en un estado de alerta permanente rayando en la paranoia

Pero el día a día da razones para pensar que estamos ante un abuso de la demencia lo cual no lleva a la correcta administración de justicia, sino que devuelve el estado de inseguridad que reclaman las personas.

José Miguel Ferrada Arenas.

3 Comentarios
  1. gdp 12 meses

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  3. rrb result 2016 11 meses

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