Derecho Penal Ambiental: Algunos aspectos a discutir.

Si bien en Chile, esta discusión resulta superflua debido a que nuestro Derecho Ambiental, no ha dado pasos hacia la protección jurídico penal del Medio Ambiente, más, ha tendido a la protección a través del Derecho Civil.

Sin embargo, es una discusión que es dable plantear: ¿Acaso ha fracasado el Derecho Civil en esta tutela de intereses jurídicos colectivos? No resolveremos eso en una columna, pero sí plantearé de un modo muy simplificado algunos presupuestos mínimos para la eventual tipificación de conductas contrarias al medio ambiente.

Sabido es que uno de los fines del Derecho Penal es la protección de ciertos intereses jurídicamente valiosos, ergo, bienes jurídicos. Esto resulta claro a la luz de los Intereses individuales – V.gr. Salud, Vida, etc.- pero, en el caso de intereses colectivos resulta un tanto complejo aplicar la misma definición antedicha. Algunos, han propuesto que al hablar de bienes jurídicos colectivos debiéramos plantear que: “Puede decirse que un bien será colectivo cuando sea conceptual, real y jurídicamente imposible de dividir este en partes y asignar una porción de éste a un individuo” (Alexy, “Individualle Rechte Und Kollektive Güter”). Por ende, la característica principal sería la de su disfrute, ya que este bien es uno solo, pero es utilizado por cada uno de los miembros de la sociedad misma. Sin incurrir una tautología, piénsese en el medio ambiente. Este es utilizado por todos, sin embargo, es uno solo y no es una suma de intereses individuales.

Una vez deslindado – en forma escueta-  lo que sería el bien jurídico colectivo, debemos preguntarnos: ¿Qué conducta peligrosa que el sujeto realice frente al bien jurídico protegido es de tal entidad que permita la repulsa penal? Esto nos lleva necesaria e inevitablemente a plantear la Estructura del Delito.

Conocida por todos es la escisión entre: Delitos de Lesión, Delitos de Peligro Concreto y de Peligro abstracto. Un autor clásico en el Derecho Penal Chileno, Enrique Cury plantea al examinar el resultado jurídico del delito que, “Cuando la descripción típica exige un resultado lesivo, se habla de Delito de lesión, se habla de un delito de daño, si se satisface con la puesta en peligro (bien jurídico), se habla de delito de peligro concreto. En algunos, el legislador le basta con que la ejecución  de una acción a la  cual se reconoce eficacia para causar, por lo general, la efectiva lesión o puesta en peligro del bien jurídico, se habla de delito de peligro abstracto. (Cury, D.P. Parte General, P. 292)”

Algunos ejemplos nos permiten comprender mejor estas nociones. En el caso del Art. 391.2 Cp, se protege la vida de los ataque de terceros (D. de Lesión); El caso del conductor ebrio que en el último minuto logra no atropellar al ciclista que se le cruza en su trayectoria (D. Peligro Concreto- nótese la necesidad de la producción de un resultado exterior); finalmente, El caso del mismo conductor ebrio que conduce con la más suma diligencia camino a su casa sin provocar ningún tipo de accidentes ni inconveniente (D. Peligro Abstracto).

Sin embargo, lo anterior satisface solamente la concepción de bienes jurídicos individuales. Cuesta pensar en que aquél que bota residuos orgánicos al mar en pequeña proporción  pueda ser sancionado penalmente, ya que solo cabría en la Estructura de Delito de Peligro Abstracto, noción ampliamente criticada en la doctrina moderna, es así como se ha propuesto una noción de Delitos de Peligro de nuevo cuño, en los cuales la presunción de la existencia del peligro se vincula a la omisión  pro parte del autor de adoptar unas medidas de precaución predeterminadas legalmente. (Ver: D.P. Parte General, Cury).

Entonces, tendremos aquí algunas opciones para poder pensar en la eventual tipificación de conductas que afecten bienes jurídicos colectivos, como el medio ambiente. A saber:

1° Abandonar el dogma que señala: El bien jurídico es fin del Derecho Penal. Esto nos facilitaría todo, ya que no deberíamos definir que bienes jurídicos protegemos, solamente debemos conocer conductas que el legislador sanciona con una pena, sin mayor reflexión ulterior. Pero esta “Huida”, parece un tanto extrema y conlleva un serie de cambios estructurales que resultarían, incluso, replantear el Derecho Penal Nacional, cuestión de la cual no estoy seguro, fuera la panacea a los problemas que enfrenta el actual derecho punitivo.

2° No Reconocer la existencia de Bienes jurídicos colectivos. Significa, no reconocer que existen intereses colectivos que conviene dar protección jurídica y más aún, protección penal. Estas son las denominadas tendencias personalistas que parte de este presupuesto: Los bienes jurídicos colectivos o universales solo son legítimos en tanto sirvan al desarrollo personal del individuo”.  Es bastante dudoso este planteamiento y prueba de ello es la inexistencia de autores que adhieran a esta.

3° Tomar partido por una estructura del delito, de peligro abstracto. Es decir, el sujeto creó un riesgo jurídicamente desaprobado, pero no provocó ningún resultado disvalioso, más allá de la vulneración a la norma jurídica al crear el riesgo. Sin embargo, esta solución plantea algunos reparos. Pareciera que cualquier conducta que al legislador desde un punto de vista político- criminal le interese sancionar penalmente, se fundaría en crear delitos como este. De suerte, que al hablar de estos delitos estaríamos conformando una verdadera “caja de pandora”, que luego podría, eventualmente, convertirse en algo inaprehensible cognoscitivamente hablando. Empero, esta ha sido la solución para dar fundamento a la protección jurídico penal de bienes colectivos, en los Códigos Penales actuales.

En lo tocante concretamente al Derecho Ambiental debemos señalar que a nuestro juicio, el bien jurídico protegido no puede venir dado por la materialidad concreta – el agua, el aire, etc.- como un valor en sí mismo, sino en su función con respecto al ser humano y su vinculación con sus necesidades existenciales.  De suerte que,  esto plantea un problema: Como todo bien colectivo supone la entidad unitaria de aquél, frente a sus consumidores que son múltiples, con cada uso se produciría un desgaste de él. Luego, ¿Es posible plantear una Estructura del Delito del Peligro Abstracto en bienes jurídicos colectivos, especialmente el Medio Ambiente? Resulta, poco creíble dar respuesta positiva a la pregunta dada la argumentación anterior.

Entonces ¿Qué estructura debiera utilizarse? Parece ser más adecuada la Estructura del Delito de Peligro de nuevo cuño, es decir, vinculamos el peligro a la eventual omisión del sujeto frente a medidas de precaución determinadas legalmente. Además, sumado a ello, debemos considerar el concepto de “Cumulación” que implica señalar que la conducta de un sujeto no provoca graves daños, sino que la sanción penal se alza a este sujeto debido al peligro de que el gran número de conductas idénticas, generen el perjuicio grave para la calidad, en este caso, del medio ambiente. De esta manera, tendríamos sólo conductas de daño ambiental tipificadas, ya que ninguna otra podría constituirse como tal, dado lo planteado con anterioridad.

El tema es bastante discutible, debido a que debemos siempre considerar los límites del “ius puniendi”, en particular el Principio de Intervención Mínima, ya que no debemos utilizar esta arma tan poderosa que es el Derecho Penal para criminalizar la vida del ser humano a extremos obscenos.

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