Derecho a abortar y ampliación a la protección de la salud

derechocivil

Autora: Javiera Fuentes M.

12 de noviembre de 2014


A 2014, tan solo 6 países en todo el mundo prohíben el aborto en todas sus formas: El Salvador, República Dominicana, Malta, El Vaticano, Nicaragua y Chile. Un número alarmante si lo comparamos con el número total de países que hay en el mundo, 194.

No es secreto, que desde hace un tiempo, dentro de nuestro honorable Congreso se han estado tramitando proyectos relacionados a la despenalización del aborto. A modo de revertir esta situación, por lo menos hasta hace unos 25 años atrás, cuando el artículo 119 del Código Sanitario permitía interrumpir el embarazo, solo con fines terapéuticos.

Pero no solo se busca volver en parte al pasado, sino que también se pretende avanzar hacia un futuro que cada día vaya asegurando más derechos a las personas, razón por la que dentro de los proyectos antes mencionados, se añaden causales como malformaciones del feto o embarazos por violación.

Primeramente, analizaremos uno de los casos más emblemáticos de los antes ya mencionados: el aborto terapéutico. Como ya se ha mencionado, hasta 1989 nuestra legislación permitía terminar con el embarazo por tales fines, pero posteriormente a esa fecha, la situación cambia, instaurándose el argumento de que dicha prohibición constituye un mecanismo de protección sobre el Derecho a la vida que tiene el feto.

A raíz de lo anterior me pregunto, ¿Qué sucede con el derecho que tiene la madre a la vida? Claramente este entraría en conflicto con el Derecho a la vida del feto, pero, por otro lado, no es necesario dar muchas vueltas a este tema en específico, ya que a pesar de que no ha sido aceptado formalmente por el Congreso, se ha logrado generar un consenso a lo que se conoce como el doble efecto.

El principio de doble efecto o doctrina del aborto indirecto, consiste en la “Legitimidad de aplicar a la madre una terapia indispensable para salvar su vida en riesgo producto de una enfermedad o mal, independiente del embarazo mismo, aunque esa terapia pueda traer consigo o traiga como consecuencia la muerte del embrión, si no hay otra manera de salvar la vida de la madre, siendo la muerte del feto un efecto colateral no buscado como fin ni como medio”[1]

Esta concepción ha hecho que la posibilidad de legislar sobre el aborto terapéutico sea más aceptada por la población y también por parte de instituciones pro vida, siendo un ejemplo de ello “Siempre por la Vida”, este proyecto en uno de sus afiches publicados en invierno de este año, manifestaron que no constituía aborto el que por consecuencia de un tratamiento aplicado a una mujer encinta enferma, muera el feto.

El segundo caso a analizar es el aborto por malformación o inviabilidad del feto, conocido como aborto Eugenésico, cuando el feto no tiene esperanza de vida mayor a las 24 horas. En este supuesto nos encontramos con una colisión entre dos derechos, el Derecho a la vida del feto con el Derecho a la integridad psíquica de la mujer, y con la salud de la misma, tema que se desarrollará más adelante.

Por último, el tercer caso discutido es la violación. Más allá de dar cualquier argumento a favor o en contra, creo que es necesario hablar de una historia contada por Judith Jarvis Thomson en su ensayo “A defense of abortion”, ella solicita al lector imaginar que despierta de un día a otro en cama y conectada a un famoso inconsciente violinista, el cual padece de una enfermedad mortal a sus riñones. Este violinista puede salvarse si se conecta a los riñones de usted, quien resulta ser una de las pocas personas compatibles para salvarlo, razón por la que la sociedad de amantes de la música lo ha secuestrado. Si usted permanece conectada a el por tan solo nueve meses, lo salvará. A raíz de esta situación expuesta surge a mi imaginación una opinión de la profesora Alejandra Zúñiga, quien ha dicho que el feto puede tener derecho a la vida, pero no tiene derecho a utilizar el cuerpo de otra persona para poder sobrevivir.

Luego de analizados los tres casos que hoy están discutiéndose, es necesario relacionar cómo su penalización afecta en el ejercicio de nuestros Derechos Fundamentales. La mayoría de dichas violaciones tiene como base el Artículo 19 N°9 de la Constitución Política de la República Chilena, el que nos asegura a todas las personas el Derecho a la protección de la salud, lo que en virtud del artículo 5 inciso segundo de la misma debemos poner en sintonía con los tratados internacionales que versan al respecto, específicamente con el párrafo 1 del artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, acarreando una obligación para el Estado Chileno de asegurar el más alto nivel posible de salud física y mental.

En ambas dimensiones de este derecho encontramos violaciones, en cuanto a la salud física la detectamos al prohibir el aborto terapéutico, porque preferimos deteriorar la salud de la madre priorizando la del que está por nacer, y en el caso de la salud mental hay una clara vulneración al artículo 19 N° 1 de la Constitución sobre la integridad psíquica de las personas, cuando en los otros dos supuestos restantes, sometemos a la madre a tratos crueles, inhumanos y degradantes, al saber que su hijo nacerá muerto o la carga psicológica que existe cuando su embarazo fue producto de un hecho traumático, como ocurre con la violación.

¿Por qué es necesario asegurar el Derecho a abortar? Manteniendo la relación con lo anteriormente dicho en cuanto al Derecho a la protección de la salud, es necesario hablar algunas cifras de cómo podríamos garantizar un mejor estándar de vida en lo que respecta a la salud si aseguráramos el aborto, al menos en los casos expuestos, como un Derecho. En la exposición realizada por la actual Ministra de Salud, Helia Molina, a la comisión de salud del Congreso, dio cuenta de las principales razones de mortalidad materna, ubicándose en tercer lugar el aborto.

Es imposible que ante estos datos no regulemos el tema, más aún tomando en cuenta cifras del Feminist Women’s Health Center, que dan cuenta que el aborto quirúrgico dentro del primer trimestre del embarazo tiene un 1% de riesgo y es 10 veces más seguro que dar a luz.

Ante estos datos tan preocupantes, tanto Amnistía internacional como la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, han recomendado a Chile hacer algo al respecto al menos aprobando la despenalización del aborto para menores de 18 años, debido a que según datos de la OMS la tasa de mortalidad materna es mucho mayor en menores de 15 años.

Otro derecho que también veríamos vulnerado es la libertad personal de la madre, la cual se coarta cuando esta es arrestada por buscar salvar su vida o mantener su salud e integridad psíquica, lo que se refleja en datos otorgados por la Universidad Diego Portales llamada “La penalización del aborto como una violación a los Derechos Humanos de las mujeres”, los cuales demuestran que entre el período 2006-2012 se ingresaron al Ministerio Público entre 180 y 200 causas sobre delitos de aborto, viéndose afectadas en la mayoría mujeres de baja condición socioeconómica, justamente aquellas que no pueden acceder a abortos clandestinos seguros.

Es por lo anterior, que mi postura no es solo la de despenalizar el aborto, porque nos dejaría prácticamente en el mismo punto en el que hoy nos encontramos, sino legalizarlo y reconocerlo como un Derecho, el cual debería incluir acceso a una educación sexual de calidad, fomentando la dimensión de información dentro del Derecho a la salud y además acceso gratuito para todas las mujeres a un aborto seguro.

Es por lo anterior que coincido con los dichos de la directora Ana Piquer a CNN hace alrededor de un mes, en tanto que legislar sobre el aborto no solo conlleva un aborto seguro, sino que además debe asegurarse un piso mínimo compuesto por:

–       Verdadero acceso a la información y a la anticoncepción.

–       Despenalización del aborto.

–       Acceso a servicios de salud para los casos en que haya complicaciones en el aborto.

–       Acceso a servicios seguros y asequibles de aborto en 3 casos: peligro de vida y salud de la mujer, violación e inviabilidad fetal.

Para finalizar y para además tomar consciencia del poder que recae sobre nosotros de revertir la situación de penalización del aborto, me gustaría finalizar con una frase de la grandiosa filósofa Hannah Arendt “Los revolucionarios no son los que hacen las revoluciones, sino los que saben que el poder está en las calles y pueden levantarlo.”


[1] Nogueira, H.. (2013). El Derecho a la Vida. En Derechos Fundamentales y Garantías Constitucionales (p.565). Santiago: Librotecnia.

 

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