Delito y daño… Símiles por donde se les mire.

Como bien sabemos, el Derecho penal se preocupa de forma esencial a la prevención del germen delictual. Ahora, existe una pugna de lo que se entiende por “delito”. Para unos, el delito es una conducta descrita en la norma penal y a la que se le asocia una sanción corporal denominada “pena”. Desde otra óptica, delito es cualquier conducta que el legislador quisiere que fuera: la determinación de lo delictivo sería un acto de voluntad; y en última instancia, de poder.

Esto ha llevado a que exista por parte de la doctrina actual de sostener concepto supra legal de delito, que permita adoptar perspectivas críticas frente a la legislación vigente. Según esto, podrían existir delitos no contenidos en leyes penales vigentes en un determinado momento y lugar, o viceversa; sería posible que conductas previstas en esas leyes no fueren constitutivas de delito. Por lo demás, ello valdría también para una dimensión cuantitativa, esto es, existir delitos con una gravedad mayor o menor que la que la ley efectivamente les atribuye.

La doctrina dominante contempla el delito como una conducta que genera un daño, lesiona un bien jurídico tutelado por el ordenamiento jurídico. Desde luego, un buen número de delitos que están contemplados en los Códigos Penales de corte occidental, se aprecia un daño personal material, sufrido por la víctima: una lesión corporal, un daño patrimonial, etc. En mucho de estos casos, es común que la víctima sufra un daño personal inmaterial: la humillación, la culpabilización, entre otros. Ahora, hay delitos en los cuales el daño material y el concreto no se aprecia: en los delitos de peligro, no se manifiesta lesión alguna; hay tentativas donde el autor no alcanza su objetivo lesivo. No obstante, también se puede advertir el daño inmaterial al que se ha hecho referencia.

En los casos donde se produce daño material e inmaterial, o incluso sólo inmaterial, puede advertirse además un daño social. Este por un lado, tiene una dimensión más fáctica: la inseguridad, la desorientación en cuanto a cómo reorganizar la vida futura, el condicionamiento de los planes de vida de las víctimas, o, en general de la sociedad misma. A este daño psico-social que se causa, ciertos autores lo denominan daño intelectual.

Así, una visión real de este problema, debe conducir a afirmar que los delitos producen siempre un daño intelectual o simbólico; casi siempre un daño psico-social; y por regla general un daño material. Pese a esto, estas tres dimensiones en la visión tradicionalista, se ha asociado el delito con el daño material. Por ello conduce a dificultades explicativas que se podían resolver a futuro si se tuviera a la vista la pluralidad antes expuesta.

Doy mis más sinceros agradecimientos este año 2013 que comienza a la comunidad LEXWEB que ha confiado en mi persona para que sea nuevamente uno de sus columnistas permanentes. A todos los lectores y visitantes de este portal, les deseo un muy buen año académico 2013.

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