Carta a la conciencia de Chile (Segunda parte) Una adaptación para el Chile de 2016, de “La historia me absolverá”, del libro El Juicio del Moncada, de Marta Rojas.

sa_1462145501Esperanza

Por: Raúl Carlos Díaz Castillo.

Abogado.

Existen pesimistas que, en vista de la amenaza y la desaparición de todos sus beneficios y bienes a los que están acostumbrados, que les significan comodidad, que les son ventajas comparativas y de las cuales ya están apegados, por esta amenaza de cambios sociales, sienten gran pavor, se paralizan, quedan horrorizados en medio de las ruinas de un proceso transformador y de real desarrollo.  En ellas no solo ven las ruinas de su mundo de privilegios, sino del mundo en general. Lo que los poderosos  observan les parece la muerte, de algo que había surgido por una condicionalidad histórica de la cual sacaron provecho, muchas veces ilegítimo o legitimisado ex post, condición que se ha desarrollado y que ha madurado, y ahora, por ello mismo tiene que perecer; ven la muerte y el desastre de ellos mismos y quieren hacernos ver a todos que su desgracia es también desgracia para nosotros, lo cual es falso del todo. En contraste con estos, estamos los optimistas, los que creemos en un verdadero crecimiento y desarrollo consciente de la cultura occidental, principalmente latinoamericana, o mejor aún, del mundo en general. Vemos en esta decadencia política económica una oportunidad de desarrollo ético jurídico, ello apoyándonos en la evidencia histórica de los procesos culturales. Nosotros poseemos la confianza, “magnus ab integro saeculorum nascitur ordo”, “el gran orden de los tiempos ha nacido de nuevo”, este nuevo orden surge de la necesidad abúndate de los tiempos, ello en post de un porvenir más justo, próspero y ambientalmente consciente (Grünberg, Festrede, discurso, pp. 8 y s.)(Wiggershaus, p. 39.).

“En el sumario de esta lucha por el desarrollo social consciente constan cinco leyes revolucionarias que se proclaman ahora y que se pretenden instaurar en la política y en la sociedad cual principios fundamentales, ello, después del despertar cívico de la gente. Es posible que los oligarcas y pretéritos políticos se opongan y amenacen con destruir esta intención, nuestros ideales aspiracionistas, pero si los destruyen siempre alguien, o inclusive yo los conservaré en la memoria.

La primera ley revolucionaria devuelve a la gente la soberanía y proclama como amoral y fáctica la Constitución de 1980, por haber sido ésta suscrita por agentes que violentaron el debido proceso propio para su transformación o total cambio, careciendo además de toda representación en cuanto ideario social y colectivo a perseguir. Además de lo dicho, tal carta constitucional, nos ha llevado en los hechos a un “Constitucionalismo de corte liberal – conservador” (Ávila, p. 87), un derecho decimonónico que asocia riqueza con poder político y el estado como ente ausente de las decisiones reales en la economía del país, siempre “subsidiario”.  Es por lo dicho que debemos pretender hoy una verdadera ley suprema del estado, representativa del Chile y su gente. Es la ciudadanía quien decide modificar tal ruin legado constitucional, somos nosotros, como encarnación de la soberanía, única fuente del poder legítimo, quienes debemos ejecutar nuestra inherente facultad de crear nuestra propia y representativa constitución.

Esta actitud no podía ser más diáfana y despojada de chocherías y charlatanismos estériles: una constitución y un gobierno aclamado por la masa de chilenos, recibiría todas las atribuciones necesarias para proceder a la implantación efectiva de la voluntad social y de la verdadera justicia. A partir de ese instante, el Poder Judicial, al que se le ha privado, en constantes ocasiones, de ejercer verdadera justicia cuando el poder económico le ha chocado de frente, procedería a su inmediata y total depuración, asumiendo nuevamente facultades de juzgamiento y condena a quien infrinja la ley sin importar el porte de su billetera ni sus contactos políticos ni económicos.

La segunda ley revolucionaria concede la propiedad intransferible de la tierra, de todo lo que constituye el territorio nacional de la república de Chile a todos sus ciudadanos. Ello significa que todos los recursos naturales, todo el patrimonio natural, los ecosistemas, los animales y especies vegetales que sean originarias o no de nuestra nación, serán de todos los chilenos. Es deber de estos, nosotros, por lo señalado, propender al mantenimiento, respeto y cuidado tanto de la naturaleza como de nuestros animales, por ser estos últimos seres sintientes no humanos a los que debemos garantizar un resguardo legal. De los animales somos curadores y garantistas de su bienestar. De esta segunda ley revolucionaria también debe entenderse que toda la riqueza de nuestra tierra, entiéndase todo recurso natural, agua, cobre, u otros, pertenecen a nuestra gente, no a algún empresario, por lo que el porcentaje de utilidad para chile, para su gente, respecto a la industria que se efectúe de estos, no podrá ser menor al 70%, estableciéndose además otras normas que regulen el extractivismo, lo limiten, ello por el fin de resguardo y protección al derecho humano del buen vivir “sumak kawsay” y el derecho intrínseco de nuestra tierra a ser resguardada.

La tercera ley revolucionaria otorga a los trabajadores, obreros y empleados de empresas privadas, que no sean pymes ni micro pymes, el derecho a participar de sus utilidades. Estas deben ser catalogadas como grandes empresas, verbigracia empresas industriales, mercantiles, agrícolas y mineras, incluyendo centrales termo e hidroeléctricas.

La cuarta ley revolucionaria ordena la confiscación de todos los bienes a todos los malversadores de todos los gobiernos y a sus causahabientes y herederos en cuanto a bienes percibidos por testamento o abintestato de procedencia mal habida, mediante tribunales especiales con facultades plenas para acceder a toda fuente de investigación y de intervenir, para tales efectos, en las sociedades inscritas en el país o que operen en él donde puedan ocultarse dineros o bienes malversados y de solicitar de los gobiernos y entes extranjeros la extradición de personas y embargo de bienes. La mitad de los bienes recobrados pasarán a engordar los fondos de retiro de los trabajadores y la otra mitad se destinará en recursos para hospitales, colegios y asilos públicos.

Se declararía, además, que la política chilena en América será de estrecha solidaridad con los pueblos democráticos de todo el continente y que los perseguidos políticos de las sangrientas tiranías capitalistas que oprimen a naciones hermanas, encontrarían en la patria de Manuel Rodríguez, no como hoy, menosprecio, discriminación, injusticia y desigualdad, sino asilo generoso, hermandad y trabajo digno. Chile debe ser baluarte de verdadera libertad, igualdad y justicia, y no eslabón vergonzoso de despotismo burgués.

Estas leyes serían proclamadas en el acto y a ellas seguirían, una vez terminada la contienda con los oligarcas y asumida en la conciencia de nuestra gente los principios ya descritos, previo estudio minucioso de su contenido y alcance; otra serie de leyes y medidas también fundamentales como la reforma al sistema de salud, reforma integral de educación, reforma al sistema de previsión y pensión, y la renacionalización y rechilenización de nuestros recursos y bienes patrios, la devolución a la gente de Chile del exceso ilegal que han estado cobrando en sus tarifas los privados y el pago al fisco de todas  las cantidades que han burlado a la hacienda pública.

El primer gobierno de elección popular, libre de financiamiento irregular, sin deudas con empresarios, pulcro en cuanto a fines y sin miedo ni ataduras en cuanto al hacer lo prometido, surgiría inmediatamente después de efectuada esta carta constitucional y de proclamadas estas leyes revolucionarias. Este gobierno tendría que respetarlas, no sólo porque tuviese un compromiso moral con la nación, sino porque los pueblos cuando alcanzan las conquistas que han estado anhelando durante varias generaciones, no hay fuerza en el mundo capaz de arrebatárselas.

El problema del medio ambiente, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema del sistema de salud; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se encaminan resueltamente nuestro esfuerzo, junto con la conquista de la libertad pública y la verdadera democracia política.

Quizás luzca fría y teórica esta exposición, si no se conoce la espantosa tragedia que vive realmente nuestro país en estos seis órdenes, sumada a la más humillante opresión política por los intereses económicos.

Si Chile es un país eminentemente minero, si el sueldo de la nación proviene en gran parte de la industria cuprífera; si las empresas mineras, que “dan” al estado de Chile aproximadamente el 5% de sus “utilidades”, dieran el mismo 5% pero de sus “ventas“; si se sabe que con ese 5% de las ventas se podría garantizar salud y educación gratis y de calidad a todos los chilenos; si la grandeza y prosperidad de nuestra nación depende de mujeres y hombres saludables y vigorosos que amen y sepan cultivar y cuidar su tierra y sus derechos, si se sabe que requerimos de un Estado que los proteja y los oriente, ¿Cómo es posible que continúe este estado de cosas?

Salvo unas cuantas industrias, Chile sigue siendo una colonia, peor aún, se ha convertido en una factoría productora de materias primas, principalmente cobre y mano de obra barata. Esta mano de obra, producto del desamparo estatal, voluntariamente se esclavizan para agentes extranjeros o intereses económicos de unos pocos, pidiendo a cambio solo el “i-phone” de moda, ya que se le ha dicho “que es un bien de primera necesidad”. Se exporta cobre para importar el cable de cobre, se exportan cueros para importar zapatos, se exporta hierro para importar arados… Todo el mundo está de acuerdo en que la necesidad de industrializar y tecnologizar el país es urgente, que hacen falta industrias metalúrgicas, industrias de papel, industrias químicas, industrias de tecnología, que hay que mejorar los cultivos, la técnica y la elaboración de nuestra industria alimenticia para que puedan resistir la competencia ruinosa que hacen las industrias extranjeras; que el turismo podría proporcionar aún mayor fuente de riqueza si invirtiéramos más en ello y se diera amparo efectivo a nuestras maravillas naturales; pero los poseedores del capital exigen que la gente pase bajo horcas caudinas, el Estado se cruza de brazos y la industrialización espera por las calendas griegas.

La sociedad chilena se conmueve ante el homicidio de una niña de 12 años y el hallazgo de su cuerpo en Calbuco, Región de Los Lagos, pero permanece criminalmente indiferente ante el asesinato en masa que se comete con tantos miles y miles de niños que mueren todos los años por falta de recursos, producto de enfermedades bronco pulmonares, cáncer, entre otras, originadas en su mayoría por la contaminación de las aguas y del aire que hacen distintas industrias, niños que están condenados a tal padecimiento crónico porque les tocó vivir en una zona de sacrificio, y cuyos ojos inocentes, ya en ellos el brillo de la muerte, parecen mirar hacia lo infinito como pidiendo perdón para el egoísmo humano y que no caiga sobre los hombres la maldición de Dios. Y cuando más del 50% de los chilenos ganan menos de $300 mil pesos, quienes a su vez son sostenedores de hogar, y trabajan más de 10 horas al día, no teniendo tiempo suficiente para criar ni amar a sus hijos, ¿con qué pueden mantener a sus familias y comprar medicinas para sus enfermedades, sabiendo que Chile tiene uno de los mayores costos de vida y más altos precios en cuanto a medicamentos, de todos los países latinoamericanos miembros de la OCDE?

Cuando ustedes juzgan a un imputado por robo, señores, no le preguntan cuánto tiempo lleva sin trabajar, cuántos hijos tiene, qué días de la semana comió y que días no comió, no les preocupa en absoluto por las condiciones sociales del medio donde vive, si efectivamente tiene otra forma de “salir adelante”, de subsistir, si efectivamente la sociedad, el estado “paternalista” le dio siquiera la posibilidad de “acceder” en igualdad a un futuro más prospero y no esclavizado a migajas y conformismo; NO, no se lo preguntan, solo piden cárcel sin más contemplaciones. Allí no van los ricos que estafan al fisco e incumplen con la ley y violentan la constitución que ellos mismos confeccionaron para sí, aunque muera gente, aunque inunden la comuna de Providencia por el desborde del Mapocho, aunque se intoxique la gente por beber agua contaminada por los desechos químicos de los relaves mineros; los oligarcas no van a la cárcel, porque tienen dinero de sobra para pagar abogados y sobornar a algunas autoridades. Exigen cárcel para el infeliz que roba por necesidad, por hambre y porque no tiene como conseguir de otro modo lo que le enseñaron debe de poseer para ser alguien, pero ninguno de los cientos de ladrones que han robado millones al Estado durmió nunca una noche tras las rejas: Nuestras autoridades, representativas, cenan con ellos a fin de año en algún lugar aristocrático y tienen su respeto. Los señores que se autodenominan como “poderosos” están por encima de todo, por el hecho de ser ricos. La igualdad ante la ley, consignada al frente de la constitución capitalista y de origen fáctico, es un mito, al cual no debemos dejar de aspirar sin claudicar. Para estos poderosos no existen tribunales ni sanciones, ellos, quienes dicen ser seres humanos igual que nosotros, que abiertamente (por youtube) comentan sus múltiples influencias políticas y quizás donde más, pretenden eximirse de toda responsabilidad por sus “errores” pidiendo “las disculpas del caso”, diciendo que “no fue a propósito”.

El porvenir de la nación y la solución de sus problemas no pueden seguir dependiendo del interés egoísta de unos pocos financieros, de los fríos cálculos sobre ganancias que tracen en sus despachos. La gente no puede seguir de rodillas implorando los milagros de unos cuantos becerros de oro que, como aquel del Antiguo Testamento que derribó la ira del profeta, no hacen milagros de ninguna clase. Los problemas de la república sólo tienen solución si nos dedicamos a luchar por ella con la misma energía, honradez y dignidad que invirtieron nuestros libertadores en crearla. Y no es con la liberación del mercado al estilo Jaime Guzmán, cuyo liberalismo consistió en el debilitamiento del estado en materia económica, en hacer al estado subsidiario e irresponsable, que creó éste estadismo de hoy, que consiste en dejarlo todo tal cual está y pasarse la vida farfullando sandeces sobre la “libertad absoluta de empresas”, “garantías al capital de inversión” y la “ley de oferta y la demanda”; este no es el estado que habrá de resolver los problemas arriba mencionados.

Un gobierno revolucionario para nuestros días, con el respaldo de la gente y el respeto de la nación, después de limpiar las instituciones de funcionarios venales y acomodados por afinidades, procedería inmediatamente a tecnologizar su desarrollo, invirtiendo grandes capitales para este fin, en pro de la superación del extractivismo. En esta magna tarea de estudio, dirección, planificación y realización, se requerirá de técnicos y hombres de absoluta competencia, honorables, ajenos por completo a los manejos de la política capitalista.

Este gobierno revolucionario, del que hablamos, procedería a concluir definitivamente el problema de la tierra, de la zonificación y planificación territorial, primero: estableciendo limitaciones y regulaciones a la industria agrícola, reivindicando las tierras usurpadas a nuestros pueblos indígenas, plantando enormes viveros, protegiendo y conservando nuestros humedales según los parámetros de la Convención Ramsar, además de nuestros glaciares, y reservando zonas para la repoblación forestal; segundo: fomentando cooperativas de agricultores y de energías renovables no convencionales, entre otras.

Finalmente, un gobierno revolucionario procedería a la reforma integral de nuestra educación, preparando debidamente a nuestras generaciones llamadas a vivir en una patria más feliz. No hay que olvidar las palabras del Apóstol Martí: “El pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos, en la instrucción del pensamiento y en la dirección de los sentimientos”, “un pueblo instruido será siempre fuerte y feliz”.

Pero el alma de la enseñanza son los profesores, y a los educadores en Chile se les paga miserablemente en consideración a la contribución que prestan; no hay, sin embargo, ser más enamorado de su convicción que el maestro chileno. ¿Quién no aprendió sus primeras letras en un colegio, escuela, instituto o liceo? Basta ya de estar pagando con limosnas a los hombres y mujeres que tienen en sus manos la misión más sagrada del mundo de hoy y de mañana, que es enseñar. ¿De dónde sacar el dinero necesario? Cuando no se lo roben; cuando no hayan funcionarios públicos venales que se dejen sobornar o que teman al poder político económico de aquellos que eluden al fisco; cuando Chile exija a la industria cuprífera los millones de dólares que por ser nosotros propietarios del cobre nos corresponde; cuando los inmensos recursos económicos de la nación estén movilizados y se deje de comprar armamento en este país, que anhela hermandad con sus vecinos; solo entonces habrá dinero de sobra para éstas campañas y muchos más.

A los que me llaman por esto soñador, les digo como Martí: “El verdadero hombre no mira de qué lado se  vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ése es el único hombre práctico cuyo sueño de hoy será la ley de mañana, porque el que haya puesto los ojos en las entrañas universales y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber”.

Quiero ser personalmente respetuoso con quienes juzguen lo dicho, y les agradezco que no vean en la dureza de mis verdades ninguna animadversión en contra de ustedes. Mis razonamientos van encaminados sólo a demostrar lo erróneo de la posición adoptada por todos los poderes del estado de Chile, del cual cada tribunal no es más que una simple pieza obligada a marchar, hasta cierto punto, por el mismo sendero que traza la máquina, sin que ello justifique, desde luego, a ningún hombre o mujer  a actuar contra sus principios. Sé perfectamente que la máxima responsabilidad le cabe a la oligarquía, a nuestros parlamentarios y gobernantes, que, en su mayoría, sin un gesto digno se pliegan servilmente a los dictados de los “poderosos”, traicionando a la nación y renunciando a una real independencia del poder público, sometiéndose a los caprichos de los privados. Piensen que ahora están siendo juzgados ustedes, juzgados por quienes son los originarios y destinatarios de sus facultades, la gente, quienes los juzgan y los someten a su crítica demoledora. Lo que yo digo aquí se repetirá muchas veces, es y será el sentir colectivo de muchos, no porque se haya escuchado de mi boca, sino porque el problema de la justicia es eterno, y por encima de las opiniones de los jurisconsultos y teóricos, es la gente quien tiene de ella un profundo sentido. Los pueblos, todas las personas, poseen una lógica sencilla pero implacable, reñida con todo lo absurdo y contradictorio, y sin duda alguna, además, están cansados de las mentiras, engaños y aborrecen con toda su alma el privilegio y la desigualdad económica y política, ésa es la sociedad chilena. Nuestra gente sabe que la justicia se representa con una doncella, una balanza y una espada. Si la ve postrarse cobarde ante unos morlacos y blandir furiosamente el arma sobre otros, se la imaginarán entonces como una mujer prostituta esgrimiendo un puñal. Mi lógica, es la lógica de la gente.

Admito que creo que esta revolución debiese ser fuente para un nuevo derecho, una nueva constitución para Chile, y con ello una nueva sociedad. En el lenguaje vulgar suele darse el nombre “revolución” a los pequeños desordenes que un grupo de insatisfechos promueve para quitar a los hartos sus prebendas políticas o sus ventajas económicas, resolviéndose generalmente en cambios de unos hombres por otros, en un reparto nuevo de empleos y beneficios. Ese no es el criterio del filósofo de la historia, no puede ser el del hombre de estudio.

No, ya en el sentido de cambios profundos en el organismo social, ni siquiera en la superficie del pantano público; se vio mover una ola que agitase la podredumbre reinante. Si en el régimen anterior, dictatorial, había robo, violencia, miedo, tortura y homicidios; en el régimen actual se ha multiplicado la politiquería, la privatización de los recursos naturales nacionales, los recursos básicos de primer orden, el pillaje, los privilegios de los poderosos, y se ha multiplicado por cien la falta de respeto a la vida y dignidad humana.

Ni una sola iniciativa valiente ha sido dictada. Nuestros gobernantes viven entregados de pies y manos a los grandes intereses económicos, y no puede ser de otro modo, por la mentalidad política de hoy, por la carencia total de ideologías políticas que den prioridad a lo social por sobre lo económico, por la falta de principios nobles, por la ausencia absoluta de la fe, la confianza y el respaldo de la ciudadanía. Hoy los estamentos públicos, en su gran mayoría, son un reparto de botín entre los amigos, parientes, cómplices, y esta rémora de parásitos voraces son los que integran el andamiaje político de estos poderosos. ¡Cuántos oprobios se le han hecho sufrir a la gente para que un grupito de egoístas que no sienten por la patria la menor consideración puedan encontrar en la cosa pública un modus vivendi fácil y cómodo!

Si he hecho referencia a todo lo dicho, es para que se me diga si lo que proponemos en estas líneas puede llamarse revolución engendradora de derecho; si es o no lícito luchar contra el sistema violento en el que hoy estamos inmersos; si no han de estar muy prostituida la justicia para enviar a la cárcel a los ciudadanos que quieren liberar a su patria de tanta infamia.

Chile está sufriendo un cruel e ignominioso despotismo de estos poderosos, y quienes juzgan no ignoran que la resistencia frente al despotismo es legítima; este es un principio universalmente reconocido pero desconocido e inexistente en la constitución de 1980, la que en nuestra opinión debió haber consagrado “la resistencia adecuada contra el despotismo”, ello para la adecuada protección de los derechos individuales que, se supone, garantiza esa constitución. Pero, aún cuando no lo consagra como facultad ciudadana, es un supuesto sin el cual no puede concebirse la existencia de una colectividad democrática. El profesor Ramón Infiesta Bargés en su libro sobre derecho constitucional establece una diferencia entre Constitución Política y Constitución Jurídica, y dice que “a veces se incluyen en la Constitución Jurídica principios constitucionales que, sin ellos, obligarían igualmente por el consentimiento del pueblo, como el principio de la mayoría o la representación en nuestras democracias”. El derecho de insurrección frente a la tiranía es uno de sus principios que, esté o no esté incluido dentro de la Constitución Jurídica, tiene siempre plena vigencia en una sociedad democrática. El planteamiento de esta cuestión ante un tribunal de justicia es uno de los problemas más interesantes del derecho público. León Duguit ha dicho en su “Tratado de Derecho Constitucional” que “si la insurrección fracasa, no existirá tribunal que ose declarar que no hubo consideración o atentado contra la seguridad del Estado porque el gobierno era tiránico y la intención de derribarlo era legítima”.

El derecho de resistencia, intrínseco a cualquier carta constitucional de una nación democrática, no nació para que funcionara mientras la república marchara normalmente, no, porque es para la democracia lo que un bote salvavidas es para una nave en altamar, que no se lanza al agua sino cuando la nave ha sido torpedeada por enemigos emboscados en su ruta. Traicionado los deberes del estado para con todos los chilenos, constituidos por el contrato social, y postergados y arrebatadas a la ciudadanía de todas sus prerrogativas, sólo le queda ese derecho, que ninguna fuerza le puede quitar, el derecho de resistir a la opresión y a la injusticia.

No pueden negar que el régimen político económico de los gobiernos post dictadura, que se le ha impuesto a la nación, es indigno de su traición, por subsidiario, y menoscaba su historia social demócrata. En su libro “El Espíritu de las Leyes”, que sirvió de fundamento a la moderna división de los poderes, Montesquieu distingue por su naturaleza tres tipos de gobierno: “el Republicano, en que el pueblo entero o una parte del pueblo tiene el poder soberano; el Monárquico, en que uno solo gobierna pero con arreglo a leyes fijas y determinadas; y el Despótico, en que uno(s) solo(s), sin Ley y sin regla, lo hace todo sin más que su voluntad y su capricho” Luego añade: “un hombre al que sus cinco sentidos le dicen sin cesar que lo es todo (un poderoso), y que los demás no son nada, es naturalmente ignorante, perezoso, voluptuoso” “Así como es necesaria la virtud en una democracia, el honor en una monarquía, hace falta el temor en un gobierno despótico; en cuanto a la virtud, no es necesaria, y en cuanto al honor, sería peligroso.” (Los paréntesis fueron agregados por quien escribe).

El derecho de rebelión contra el despotismo ha sido reconocido, desde la más lejana antigüedad hasta el presente por hombres de todas las doctrinas, de todas las ideas y todas las creencias.

En las monarquías teocráticas de la más remota antigüedad China, era prácticamente un principio constitucional que cuando el rey gobernase torpe y despóticamente, fuese depuesto y reemplazado por un príncipe virtuoso.

Los pensadores de la antigua India ampararon la resistencia activa frente a las arbitrariedades de la autoridad. Justificaron la revolución y llevaron muchas veces sus teorías a la práctica. Uno de sus guías espirituales decía que “una opinión sostenida por muchos es más fuerte que el mismo rey. La soga tejida por muchas fibras es suficiente para arrastrar a un león”.

Las ciudades estados de Grecia y la república Romana, no sólo admitían sino que apologizaban la muerte violenta de los tiranos.

En la Edad Media Juan de Salisbury en su “Libro del Hombre de Estado”, dice que cuando un príncipe no gobierna con arreglo a derecho y degenera en tirano, es lícita y está justificada su deposición violenta.

Santo Tomás de Aquino, en la “Summa Theologica”, rechazó la doctrina del tiranicidio, pero sostuvo, sin embargo, la tesis de que los poderes de los tiranos, de los poderosos, debían ser depuestos por el pueblo, por y para la gente.

El escritor francés Francisco Hatman sostuvo que entre gobernantes y súbditos existe el vínculo de un contrato, y que el pueblo puede alzarse en rebelión frente a la tiranía de los gobiernos cuando estos violan aquel pacto y dejan de cumplir su obligación de amparo y seguridad, se hace aplicable y cobra sentido el principio de que “la mora purga la mora”, si el estado democrático no protege ni da derechos básicos ni pretende la seguridad de su gente, esta última no tiene porque ceñirse ni acatar los dictámenes de la nación beneficiaria de los poderosos y traicionera del contrato social.

Creo haber justificado suficientemente mi punto de vista, todo mi razonamiento asiste a las mujeres y hombres que luchan por la verdadera libertad y la felicidad de su gente; no existe por el presente ningún ánimo de opresión vil ni amparo al saqueo despiadado de los poderosos. ¿Cómo justificar la autolegitimidad de la constitución del 80, contraria al sentir de la mayoría de los chilenos, cuyas normas violentan y otras desamparan a la nación? ¿Cómo calificar de legítimo un régimen capitalista impuesto violentamente por la idea de unos pocos y para algunos pocos adinerados, que ha resultado en opresión, ignorancia, desamparo e ignominia de los derechos del chileno común y corriente? ¿Con qué derecho nos podrían amenazar con cárcel a quienes, con decoro de su patria, estamos dispuestos a trabajar y a dar sangre por un Chile más social, ético y justo? ¡Eso sería monstruoso ante los ojos de la nación y los principios de la verdadera justicia!

Pero hay una razón que nos asiste más poderosamente que todas las demás: somos chilenos, y ser chileno implica un deber, no cumplirlo es un crimen y es traición. Vivimos orgullosos de la historia de nuestra patria; la aprendimos en la enseñanza básica y hemos crecido oyendo hablar de la libertad, de justicia y de los derechos. Se nos enseñó a venerar desde temprano el ejemplo glorioso de nuestros héroes y de nuestros mártires. Lautaro, Caupolicán, Manuel Rodríguez, O´Higgins, José Miguel Carrera y Arturo Prat fueron los primeros nombres que se grabaron en nuestro cerebro; se nos enseñó que la libertad no se mendiga, sino que se exige y conquista; así se nos enseñó a los ciudadanos en la patria libre y justa. Escribió una vez José Martí en su libro “La Edad de Oro”: “Un hombre que se conforma con obedecer leyes injustas y permite que le pisen el país en que nació los hombres que se lo maltratan, no es hombre honrado… En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que le roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos momentos van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana…” Se nos enseñó que el 18 de Septiembre de 1810, el 12 de Febrero de 1818 y el 21 de Mayo de 1879 son efemérides gloriosas y de regocijo patrio porque marcan los días en que los chilenos comenzaron a organizarse y finalmente se rebelaron contra el yugo de la infame tiranía española y luego contra los abusos tarifarios de nuestros vecinos, pero aún hermanos; se nos enseñó a querer y defender la hermosa bandera tricolor de la estrella solitaria y a cantar y honrar un himno cuyos versos dicen “Dulce patria recibe los votos, con que Chile en tus aras (en honor, en favor o en interés de su gente) juró, que o la tumba será de los libres o el asilo contra la opresión”. Todo eso aprendimos y no lo olvidaremos aunque hoy en nuestra patria se está violentando y se tiene en el completo desamparo a muchos hombres y mujeres por no asegurarles el derecho a una vida digna. Nacimos en un país que se dice ser libre, nuestros padres de la patria lucharon por la dignidad de nuestra nación, y primero se desmoronará la codillera y se nos vendrá el mar encima antes que consintamos en ser esclavos de estos poderosos que hoy dirigen a gran parte de la clase política.

A quienes leen y sienten, mi más sincera gratitud por haberme permitido expresarme libremente, sin mezquindades; no les tengo rencor por querer optar quizás a ser ciegos de tanta, o quizás justificar, la esclavitud de los hombres por la vida mundana de la moda y la capitalización de la dignidad de las personas, vivir creyendo que todo tiene un precio. Una vez pregunte a mi padre: si todo tiene un precio ¿Cuándo cuesta que en tu presencia alguien tome y viole a tu hija?

Hoy hay gente, poderosos, que han violentado las normas, que destruyen nuestro patrimonio ambiental, que lucran con nuestras riquezas naturales, que contaminan nuestras aguas y nuestro aire, que ocasionan cáncer en nuestros niños, que inundan nuestras calles, que pueden matar gente inocente, trabajadora, que, comprando la moral y ética de algunos abogados, siguen libres, porque así lo faculta nuestro sistema jurídico político vigente. Si no cae sobre ellos todo el peso de la ley, sea por cobardía o porque se lo impidan a nuestros magistrados, me apiado de la honra y compadezco la mancha sin precedentes que caerá sobre quienes tuvieron el poder de hacer justicia e indignamente rehuyeron de hacerlo.

En cuanto a mí, se que la vida digna en algunos momentos puede ser dura, que amenaza con privaciones, puede mi futuro estar preñado de amenazas, de quizás un ruin y cobarde ensañamiento en mi contra, pero no la temo, como no temo la furia de los tiranos miserables que han violentado la vida de miles de chilenos. Búsquenme y condénenme por proclamar una revolución garantista de derechos humanos, no me importa, la historia me absolverá.”

Fidel Castro

Lo dicho en este texto, casi por completo, son palabras emitidas por Fidel Castro, en su auto defensa dada en el juicio por el asalto al cuartel del Moncada en 1953. Lo que he querido hacer, mediante el presente, es mostrar a usted lector que las irregularidades sociales que devienen del régimen capitalista, que derivan en desigualdades y abusos sociales, están aún vigentes y que afectan incluso a países como el nuestro, que se dicen o aspiran a ser de avanzada, siendo que lo único que garantizan y han conseguido es perpetuar el poder económico en el poder público. En opinión de quien escribe, creo que la lucha por el futuro más prospero es un baluarte siempre digno de respetar y de admirar por quienes la realizan y lo han realizado. Aspiro en lo personal a poner de mi parte por el futuro más prospero, más justo y con más dignidad para todos, para conseguir así el tan anhelado desarrollo sustentable.

Bibliografía:

  • Wiggershaus, Rolf, La Escuela de Fráncfort, 1º edición – D.F. México; Fondo de Cultura Económica, UAM-Iztapalapa, 2009 (Colección. filosófica).
  • Ávila, Ramiro, El Neoconstitucionalismo transformador, El estado y el derecho en la Constitución de 2008, 1º edición – Quito Ecuador; Ediciones Abya – Yala, 2011.
  • Rojas, Marta, El Juicio del Moncada, 4º edición – La Habana Cuba; Editorial de Ciencias Sociales, 1988.

 

 

 

28 Comentarios
  1. pron dates 9 meses

    VbEvvH Say, you got a nice blog article. Want more.

  2. penis pills 9 meses

    Yeah bookmaking this wasn at a high risk conclusion great post!.

  3. I really enjoy the article post.Much thanks again. Great.

  4. I cannot thank you enough for the article.Much thanks again. Keep writing.

  5. Major thanks for the blog article.Thanks Again. Will read on…

  6. There is visibly a bunch to know about this. I think you made some good points in features also.

  7. visit website 9 meses

    This very blog is obviously interesting and besides factual. I have discovered a lot of helpful stuff out of this amazing blog. I ad love to visit it again and again. Cheers!

  8. Im obliged for the blog post.Thanks Again.

  9. wow, awesome post.Really thank you! Really Great.

  10. Really enjoyed this blog post.Much thanks again. Much obliged.

  11. to learn more 9 meses

    I really like and appreciate your blog article.Much thanks again.

  12. Thanks a lot for the blog.Much thanks again. Awesome.

  13. this website 9 meses

    Really informative article.Much thanks again. Keep writing.

  14. Major thanks for the article post.Really thank you! Will read on…

  15. Very good blog article.Really thank you! Cool.

  16. Thanks for sharing, this is a fantastic blog.Really thank you! Much obliged.

  17. I really enjoy the blog post.Really looking forward to read more. Really Cool.

  18. I think this is a real great post.Thanks Again. Really Great.

  19. this website 9 meses

    Your style is so unique compared to other people I ave read stuff from. I appreciate you for posting when you have the opportunity, Guess I will just book mark this web site.

  20. Pokemon 9 meses

    Spot on with this write-up, I really believe this amazing site needs a great deal more attention. I all probably be returning to read more, thanks for the info!

  21. for more info 9 meses

    A round of applause for your blog.Really thank you! Cool.

  22. LGBT Activist 9 meses

    I think this is a real great post.Really looking forward to read more. Want more.

  23. Thanks again for the blog post.Much thanks again. Really Cool.

  24. free nfl apps 8 meses

    wow, awesome blog post.Really looking forward to read more. Cool.

  25. Appreciate you sharing, great blog.Really looking forward to read more. Really Great.

  26. Very neat article.Really thank you! Fantastic.

  27. click here 8 meses

    This blog is without a doubt educating additionally factual. I have discovered a bunch of useful stuff out of it. I ad love to return again and again. Cheers!

  28. printer repair 8 meses

    You have a very good layout for your blog i want it to use on my web page too

Contesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

CONTÁCTENOS

¿Desea comunicarse directamente con nosotros? Escríbanos acerca de sus requerimientos, comentarios o consultas a través del siguiente formulario.

Enviando

Lex Web Chile  |  Email: contacto@lexweb.cl   | Política de Privacidad   |   Términos de Uso y Propiedad Intelectual

o

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

o    

¿Olvidó sus datos?