Bonos de carbono e incentivos pecuniarios.

Para entender de qué se trata este mercado que ha cobrado importancia en el último tiempo, es necesario saber en qué consisten estos bonos.

Se les dice bonos de carbono a las Reducciones Certificadas de Emisiones de Gases Efecto Invernadero (en inglés se abrevia CERs) donde se lleva un catastro detallado de las emisiones en un tiempo preestablecido. Esta reducción se basa en una medida estándar que es una tonelada métrica de dióxido de carbono (CO2). Estos CERs comienzan a correr una vez que se empieza a ejecutar el proyecto, pero su aplicación práctica se da al acreditar que existe una reducción del CO2 liberado.

La idea de este mercado de bonos de carbono es fomentar y crear un incentivo económico para reducir o verse beneficiados tras disminuir la contaminación generada. Como se trata de un mercado, estos se transan y se disponen de distinta forma. Normalmente ocurre que los países más desarrollados e industrializados deciden financiar proyectos que capten u ofrezcan cierta cantidad de bonos ubicados en países subdesarrollados, con la idea de pagar una suma de dinero acordada entre las partes y así hacer creer que la empresa si ha cumplido con la normativa de emisiones.

Por ser en esencia un mercado que se sustenta en una supuesta disminución de CO2, que por cierto es real a nivel global, pero no a nivel local, se han generado ciertas suspicacias. Existen quienes defienden esta modalidad, ya que si bien existe una brecha importante entre las firmas y compañías afianzadas en el mercado mundial y las que por su baja producción no generan suficiente contaminación, estas últimas se ven beneficiadas con un ingreso extra, que si es bien aprovechado puede ser una herramienta útil a falta de una consolidación o producción a gran escala.

Otros creen que al no ser la propia empresa quien disminuye las emisiones de gases efecto invernadero no se está mejorando la calidad del aire o respetando la normativa ambiental como tal, sino que se acogen a una oportunidad creada por el mercado para poder seguir emitiendo una cantidad importante de CO2 ya que algunas veces resulta menos oneroso hacerse cargo de un bono que de cambiar la tecnología productiva.

 

A mi parecer, el mercado permite de una forma relativamente sencilla generar incentivos económicos en una u otra empresa. Una parte acuerda centrarse en la producción final y en conseguir ganancias que le permitan asumir el pago de los bonos que necesitan para cumplir con las exigencias ambientales; la otra en tanto busca adaptarse a los desafíos actuales e invierte lo suficiente y necesario para acogerse a las CERs.

Pero cabe preguntarse ¿Están los tiempos para poner el foco de atención única y exclusivamente en el dinamismo y en la circulación de la riqueza? ¿Es sustentable en el tiempo este mecanismo? Tengo mis dudas al respecto, debido a que si la contaminación no se disminuye en forma real es probable que en el largo plazo la producción se vea afectada directamente al carecer de suficientes recursos para extraer o manufacturar.

Un factor que ya ha dejado de estar relegado a segundo plano es el medio ambiente. Sin el debido cuidado puede entorpecer de forma drástica nuestro modo de vida y terminar de paso con la senda desarrollista que hace que la vida en cierto punto sea más fácil en muchos aspectos.

 

La CONAF ha dado a conocer en su página web y en pequeñas charlas para la comunidad, las oportunidades que ofrece este mercado de carbono. Estamos contestes que la implementación de proyectos centrados en la venta de estos bonos permite generar incentivos económicos, como ocurre con el acuerdo en conjunto con consultoras europeas para que los bonos de carbono emitidos en el sur del país se transen en la bolsa del viejo continente, lo cual es una oportunidad bastante auspiciosa.

Chile tiene un terreno incipiente en la conservación y plantación forestal con fines no madereros ni papeleros, que puede generar grandes dividendos.

Según lo que señalan funcionarios de CONAF, la idea es que pequeños y medianos propietarios forestales al ser parte de esta transacción económica se verán beneficiados pecuniariamente y a su vez disminuirán la emanación de gases invernaderos en aquella región. Esto significa que hay un doble incentivo; el cuidado y conservación del patrimonio ambiental, y de la mano, la generación de ingresos.

Todo esto se da en el marco de un plan estratégico de manejo de bosques y cambio climático en Chile, junto con la ayuda del gobierno suizo, consultoras del mismo país y el Fondo Corporativo del Carbono Forestal.

Como gran parte de Europa posee una legislación sumamente estricta en materia ambiental, y al estar en la palestra la forma como enfrentar el cambio climático, uno de los compromisos más relevantes ha sido proponerse disminuir la huella de carbono paso a paso en el corto, mediano y largo plazo. Por eso, una de las opciones más recurrentes ha sido contactarse con países tercermundistas que a su vez posean una vasta cantidad de recursos naturales, especialmente bosques, para que ellos puedan emitir bonos de carbono a un precio de mercado.

 

Por lo visto, pareciera reinar el principio que esta contenido incluso en nuestra Ley Sobre Bases Generales del Medio Ambiente, “el que contamina paga”. No tan solo aplicándose en caso de pagar una multa o afrontar una determinada sanción si se incumple una normativa ambiental que acarreé una afectación a los componentes del ambiente, sino también en caso que una empresa que contamina más de lo permitido tendrá la posibilidad de pagar una suma de dinero a otra que emite menos cantidad de contaminantes de lo exigido.

El mercado de bonos es una alternativa que se posiciona para la disminución de la contaminación y el avance aterrador de los gases efecto invernadero; y que a la vez permite la participación de nuevos actores en las actividades económicas. No obstante, descuida que el compromiso irrestricto con el medio ambiente es tarea de todos y que lo necesario hoy por hoy es asumir el desafío de disminuir la emisión de CO2 a nivel mundial, especialmente en países desarrollados, ya que éstos son los que han generado principalmente la contaminación que nos tiene discutiendo estos temas.

Una opción que podría gatillar en un incentivo personal para adecuarse a las expectativas medio ambientales sería la reducción de impuestos o la creación de beneficios arancelarios o de carácter tributario, llámese exención del pago del impuesto de primera categoría al año siguiente, una vez que se adopte una nueva tecnología menos contaminante, o la posibilidad de adquirir tal tecnología con subsidio parcial del Estado si se trata de una PYME, o a algún precio preferente si la empresa es de mayor tamaño, debido a que la propia empresa se vería obligada o se beneficiaría directamente si certificara la reducción de gases efecto invernadero en un periodo determinado.

Probablemente afectaría el mercado de carbono en cierta medida, pero la huella total disminuiría considerablemente, ya que todos estarían centrados en producir y a la vez velar por el cuidado del medio ambiente.

Por lo mismo, al tratarse de sugerencias o meras expectativas que rondan alrededor del tema, y que se siguen discutiendo en las aulas, seminarios o en los órganos administrativos y legislativos, no podemos descartar que sigan aflorando proyectos y convenios relativos al mercado de carbono, porque hay gran utilidad en ellos. Sin embargo, debemos tener en cuenta que los bonos de carbono no son una solución real ni del todo óptima para detener la contaminación en el siglo XXI. El carbono si ha sabido dejar su huella en los últimos 50 años, y para que ésta no sea irreversible y condene la subsistencia de las próximas generaciones, se necesita tabular todas las variables, incluyendo desacelerar la marcha donde la naturaleza era un instrumento más.

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