Aborto Terapéutico: ¿Es Posible Afirmar Que Una Vida Vale Más Que Otra?

aborto

Autora: Marianela Latorre Rodríguez.

23 de Abril del 2011.


En los últimos años nuestro país ha estado en contantes transformaciones en las distintas áreas, pero no siempre dichos cambios han estado acompañados de un progreso real; este es el caso que se ha presentado en lo referente al tema del Aborto terapéutico, inclusive podemos afirmar que ha existido un notable retroceso particularmente en este caso.

Hoy en día encontramos penalizada la figura del aborto terapéutico, no resguardando la salud y la vida de la mujer cuando se enfrenta a situaciones de riesgo y sin posibilidad alguna de tener un debido proceso para poder poner fin a un embarazo que muchas veces es inviable, calidad que se puede asegurar a través de ecografías y otros avances científicos, siendo el nasciturus causal de riesgo de la vida de la madre si prosigue con dicho embarazo o bien no teniendo la posibilidad de constituirse, el feto, en una persona aunque tenga vida.

Son muchas las mujeres que han tenido que sobrellevar esta situación y como consecuencia de ésta, costos muy altos. Es el caso de Claudia Pizarro Hernández, quien el año 2010, embarazada, recurrió a tribunales para realizarse un aborto terapéutico debido al diagnóstico de sus médicos tratantes: su hija tenía una enfermedad llamada anencefalia, un defecto congénito, que se caracteriza por la ausencia de cráneo y cerebro. Por lo que el nasciturus que llevaba en su vientre era totalmente inviable. Además de esta situación, a la mujer se le había detectado cáncer, el cual no podía tratarse ya que le afectaría directamente al feto. Dicha solicitud a tribunales no llegó a buen puerto y se debió seguir el proceso normal de cualquier embarazo.

La situación antes relatada me hace pensar en la inequidad, desigualdad e incoherencia que se presenta en nuestra legislación y, por ende en el proceso. Si bien es cierto en nuestra Carta Fundamental se asegura el derecho a la vida y resguarda aquella del que está por nacer, a mí parecer, simplemente se está estableciendo un escalafón de importancia entre la vida de la madre y la del feto, otorgándole primacía a esta última, inclusive sobrevalorando a  toda costa una “vida” de un feto inviable, cuando está en riesgo la de una madre, una persona que está reconocida y amparada a la vez por la ley.

Si bien es cierto, no estoy de acuerdo con que se despenalice todo tipo de aborto, creo que nuestra legislación no puede ser tan estricta en este sentido; debemos considerar ambos tópicos: la penalización del aborto y crear una excepción legal a ésta: la legalidad del aborto terapéutico. Esto en pro de la vida, el respeto a la dignidad humana, al principio de igualdad y a los derechos fundamentales que se nos aseguran y resguardan como mujer en nuestra Constitución.

No debemos ser tan categóricos en resguardar la vida de “todo aquél que está por nacer”; ya que (sin ofender postura alguna) no todo lo que respira o tiene vida tiene posibilidades de ser persona, ser humano. Por ejemplo, si nos basamos netamente en términos médicos, observaremos que recién a la tercera semana se forma el tubo neural, aquél que nos da la posibilidad de pensar y razonar, cualidad que nos distingue de los demás seres vivos. Sin presencia de éste, o si es que no se desarrolla, seríamos un ser vivo más, el cual no puede tener una prioridad más elevada que la vida de otra persona, que tiene las capacidades esenciales para considerarse “persona” y ser humano.

Finalmente, y a modo de conclusión, me parece que tanto el Artículo 75 del Código Civil como el 19 n°1 de nuestra Constitución ocasionan un gran daño en estas mujeres, en estos casos de inviabilidad física del feto, ya que se protege la vida del que está por nacer desde el momento de la concepción, tenga la posibilidad de ser o no persona; no permitiéndoseles en el marco de nuestra legislación optar por un aborto terapéutico, imponiendo una sola visión absoluta respecto del derecho a la vida.

Se debe regular técnicamente la figura del aborto terapéutico, respetando el principio de la igualdad procesal, pudiendo estas madres establecer una acción procesal que les permita hacer valer sus derechos amparados por la Constitución.

Actualmente y, refiriéndonos a la materia  procesal, la vida se protege desde el momento de la concepción, prescindiendo de la característica de viabilidad del feto. No obstante, no podemos proteger la vida a todo evento, sino que debemos establecer hipótesis de excepción de manera discrecional, sólo en el caso de inviabilidad física del feto y en post de evitar un daño mayor a la madre. De esta forma estaremos amparando tanto la vida de la “persona” que está por nacer como la de la madre, no priorizando o valorando la vida de una por sobre la otra.

La madre debe tener la posibilidad de, en estos casos, acudir a un tribunal y solicitar que se le realice el aborto terapéutico, ya que lo que está engendrando no es una persona en sí; estableciendo el concepto de equidad en cuanto a la relación mujer – aborto terapéutico: el juez no debe dictar de oficio las providencias del caso, cautelando la vida del que está por nacer a toda costa, inclusive por sobre la vida de la madre cuando está en riesgo.

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